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Hechos Lección 43 Capítulo 19

EL LIBRO DE HECHOS

Lección 43, Capítulo 19

Nosotros acabábamos de empezar en el Capítulo 19 de Hechos la semana pasada cuando nos quedamos sin tiempo para abundar. Nosotros tenemos mucho que discutir hoy sobre lo que está escrito en este capítulo; cosas que la mayoría de nosotros tal vez no hemos considerado.

El significado histórico de este capítulo, es que (según lo dice Darrell Bock) es la historia del último viaje misionero de Pablo a través del mundo grecorromano. Pablo está volviendo a visitar principalmente las áreas en las que ha tenido contacto previo y había establecido un cierto número de creyentes judíos y gentiles. Pero a medida que la confianza en Yeshua está empezando a arraigarse en tierras extranjeras, lo que vemos es la creciente polarización de aquellos que abrazan la verdad del Evangelio que Pablo está enseñando frente a los que la rechazan. Tal polarización causa no sólo discordia, sino también división y separación. Es una ironía fascinante que el judeocristianismo institucional tiene en su núcleo un deseo declarado de unidad (a casi cualquier costo). Y sin embargo, el Dios que adoramos tiene en Su tuétano el deseo de dividir, elegir y separar. La Sinagoga y la Iglesia no quieren el grano y la paja de la cosecha; más bien quiere encontrar maneras de permitir que el trigo y la paja permanezcan unidos. Nuestro Señor exige constantemente a Sus verdaderos seguidores que “seáis separados”. Así que, lo que está sucediendo con la contenciosa división y separación que estamos leyendo aquí, es que en realidad es el plan de Dios llevado a cabo de maneras en que la mayoría de la gente se resiste poderosamente.

Lo que sucede a menudo cuando algo tan nuevo e impactante como el Evangelio de Cristo comienza a aferrarse es que el mismo puede asumir diversas formas, muchas de las cuales no fueron intencionadas, especialmente cuando el liderazgo fundador no está presente para mantener las cosas en el camino correcto. O como vemos sucediendo al principio del capítulo 19, la gente obtiene sólo información parcial sobre Yeshua y las Buenas Nuevas y actúan sobre las mismas, sin darse cuenta de que hay mucho más que saber para obtener una imagen más completa y más precisa. Por lo tanto, en Hechos 19 versículos 2-7, estamos un poco sorprendidos cuando leemos que había un número de nuevos creyentes en Efeso que Pablo encontró que no tenían idea de que el Espíritu Santo iba a ser una parte integral de su experiencia de fe. De hecho, Lucas dice que algunos afirmaron que ni siquiera habían oído hablar del Espíritu Santo. Me veo obligado a asumir que estos nuevos creyentes en particular que dijeron que no sabían nada acerca de un Espíritu Santo eran gentiles, ya que los judíos ciertamente habrían sabido al menos acerca de la existencia del Ruach HaKodesh, incluso si no entendían qué papel Él desempeñaba en su salvación.

Esto pone al relieve varios problemas de la fe que son críticos, así que vamos a repasar. La manera en que esta ignorancia del Espíritu Santo está enmarcada, es que estos nuevos creyentes habían estado inmersos en el bautismo de Juan, pero no habían estado inmersos en el bautismo de Jesús. En primer lugar, entienda que hablar de ser bautizado en una persona en particular es una expresión cultural hebrea muy común. Lo interesante es que tenemos gentiles extranjeros pronunciándolo. Estos gentiles tenían que haber aprendido sobre El Camino de los judíos en las sinagogas, por lo que cualquier término y expresiones que aprendieran para definir y explicar su nueva fe, serían naturalmente términos y expresiones hebreas ya que estos conceptos no existían fuera del judaísmo. Pero esto también es una excelente evidencia de lo engañoso que es para nosotros hablar de aquellos que siguieron a Yeshua en la época de Pablo como “cristianos” o que la religión que estaban siguiendo se llama “cristianismo”. Lo que lo hace tan engañoso es que la Iglesia invariablemente establece el judaísmo como el cuco que se opone al cristianismo; y eso es porque el judaísmo es una religión para los judíos, mientras que el cristianismo es una religión para gentiles. Con el tiempo, así es precisamente como se organizaría; pero ese tiempo aún no está en el punto en que estamos en el Libro de los Hechos. De hecho, ni siquiera deberíamos buscar tal pensamiento en todo el Nuevo Testamento porque no está ahí. Esta siguiente fase del Movimiento de Jesús que eventualmente resultaría en una entidad dominada por gentiles llamada cristianismo, no sucede hasta varios años después de que todos los libros que forman el Nuevo Testamento fueron completados. Es decir, el cristianismo existente como una institución religiosa nombrada, separada y distinta que fue dirigida por gentiles, no ocurrió hasta algún momento después de finales de los años 90 D.C. Así que, lo que tenemos que comprender es que El Camino, que consistía en judíos y gentiles, todavía estaba siendo guiado por judíos (como seguimos viendo a lo largo del Libro de los Hechos), y todavía se reunían principalmente en sinagogas, eran percibidos dentro del judaísmo como una secta del judaísmo, y eran vistos de manera similar por los gentiles forasteros. Así, cuando comenzaron a surgir persecuciones contra los Del Camino, en realidad fue considerada como persecuciones contra los judíos y el judaísmo, ya que los gentiles paganos hasta ahora no hicieron ninguna distinción real entre El Camino y otras facciones del judaísmo. Esto se debe a que culturalmente todas las formas del judaísmo, incluyendo la Del Camino, le parecía lo mismo a los gentiles.  Es un poco como el Islam es para nosotros hoy en día, porque mientras que dentro del Islam hay distinciones de larga duración y bien entendidas entre varias sectas del Islam (y están en guerra entre sí por estas distinciones), la mayoría de la gente que no son musulmanes no entienden esos matices (o incluso saben que existen) y por lo tanto tendemos a aglutinar a todas las sectas juntas como una sola y darles una identidad general; Islam. Eso es muy parecido a la etapa de desarrollo en la que se encuentra la adoración a Yeshua en el capítulo 19 de Hechos.

El segundo problema para este pequeño grupo de nuevos creyentes en Éfeso, tenía que ver con el estar inmerso en Juan, pero no en Cristo; sin embargo, no se trata de poner uno en contra del otro. Es decir, esto no era que los nuevos creyentes pensaban escoger un nombre para estar inmerso y rechazaban el otro. Más bien ellos no comprendieron que el bautismo de Juan NO se trataba de la salvación per se, sino más bien era una preparación para ser salvo. Recuerde: el concepto bíblico de la inmersión era que una persona tomara las cualidades de lo que fuese que estuviera inmerso. Así que sumergirse en Juan significaba que una persona estaba absorbiendo y asumiendo las cualidades que Juan predicó y defendió. Juan no era el Salvador; él fue el profeta que anunció que el Salvador estaba a punto de revelarse a sí mismo. Así que, para prepararse para el Salvador, Juan enseñó que el primer paso era arrepentirse de los pecados. Luego, cuando el Salvador se dio a conocer, ya uno estaba preparado para dar el segundo paso, el cual era aceptar la Salvación en el nombre del Salvador, Yeshua. Aunque desde el momento en que Yeshua se reveló a Sí mismo, el bautismo requerido es ahora una sola inmersión y no dos inmersiones, sin embargo, todavía no podemos buscar la salvación hasta que nos demos cuenta de nuestros pecados y nos arrepentimos de ellos. Pero ¿cómo nos arrepentimos de algo si no sabemos que estamos haciendo algo malo? ¿Cómo podemos saber lo que es el pecado y no lo es? Los judíos generalmente sabían qué cosas eran pecados (aunque especialmente en la diáspora se había diluido mucho), pero ¿qué tal para los gentiles?

LBLA 1 Juan 3:4 Todo el que practica el pecado, practica también la infracción de la ley, pues el pecado es infracción de la ley (Torá).

¿Qué es el pecado? El apóstol Juan lo dice claramente: está rompiendo la Torá. Para aquellos que son algo nuevos en las raíces hebreas, también citaré la Biblia Reina Valera.

RV 1 Juan 3:4 Todo aquel que comete pecado también infringe la ley, pues el pecado es infracción de la ley.

Así que la definición del pecado del Nuevo Testamento es la misma que la definición del pecado del Antiguo Testamento: violar la Ley. ¿Qué ley? ¿La ley romana? Obviamente no. La misma es la única ley que existe en la Biblia: la Ley de Moisés. El apóstol Juan escribió estas palabras décadas después de la era de Cristo, tan claramente que todavía piensa que la Ley permanece siendo el estándar para definir el pecado. Volveremos con esto en un momento.

Pero también dense cuenta de algo interesante que Hechos 19 señala: no podemos aceptar a Cristo como Salvador y esperar que sea eficaz para nosotros al mismo tiempo que no tenemos arrepentimiento de nuestros pecados; y funciona al revés también. No podemos arrepentirnos de nuestros pecados, pero sin embargo no aceptamos a Cristo como Salvador y somos salvos.  El arrepentimiento por sí mismo no salva; el arrepentimiento es una admisión del pecado, pero ahora el pago de esos pecados es requerido por Dios. Así que determinar ser una mejor persona y no pecar más, mientras sea necesario, no salva. El arrepentimiento MÁS confianza en Cristo como nuestra expiación por los pecados es necesaria, e idealmente deben ocurrir en el orden correcto. ¿Es esa la doctrina De Tom Bradford, o una doctrina de Raíces Hebreas? Difícilmente.

1Corintios 6:9-11 LBLA

¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales,

 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios.

 11 Y esto erais algunos de vosotros; pero fuisteis lavados, pero fuisteis santificados, pero fuisteis justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios.

Date cuenta de que este pasaje NO dice que, si alguna vez has hecho, o te has identificado con, cualquiera de estas cosas prohibidas, estás excluido para siempre del Reino de Dios. De hecho, Pablo dice que “algunos de ustedes solían hacer estas cosas, pero se han purificados a sí mismos…” Lo que está describiendo es el arrepentimiento, porque el arrepentimiento no es simplemente un proceso de pensamiento, un estado de ánimo o una admisión de la conciencia; más bien significa activamente, físicamente, dejar de hacer lo que está mal para empezar a hacer lo correcto. Por lo tanto, una persona no puede participar activamente en estas cosas que Pablo enumera (que son todos pecados, por supuesto, y lo suficientemente grave como para que el Señor no te acepte), y al mismo tiempo invocar a Cristo y contarte como salvo. El arrepentimiento primero, luego la salvación en Yeshua. Si no hay arrepentimiento, no hay salvación. Tenga en cuenta que, aunque USTED NO se haya arrepentido, esto no significa que usted no puede creer sinceramente que Yeshua vivió e hizo lo que hizo y dijo lo que dijo. Podrías insistir todo el día en que “crees” en Cristo; pero si continúas abrazando esos pecados, negándote a verlos por lo que son en lugar de arrepentirte de ellos, entonces probablemente no estas salvo. Como dijo Pablo: “no os engañen a sí mismos” para que piensen que son salvos si no se arrepienten.

Permítanme también matizar eso un poco más. Podemos arrepentirnos de todos nuestros pecados, sinceramente, y entonces podemos aceptar a Cristo por quien Él es, sinceramente, y ser salvos. Pero también podemos pecar algunos de estos mismos pecados después de nuestra salvación; y de hecho creo que es justo decir que la mayoría de los creyentes lo hacen. Entonces, ¿permanecemos salvos si ese es el caso? El problema es que reconocemos esos pecados como pecado, y no tratamos de defenderlos como que estan OK. En otras palabras, en nuestra debilidad a veces fallamos como creyentes y tenemos que reconocerlo como tal. La realidad es que esto es tanto por lo que el Mesías murió como por los pecados que cometimos antes de llegar a confiar en Él.

Ahora permítanme abordar cuál podría ser el tema más polémico y sensible al respecto para nuestros días y épocas: la salvación y la inmoralidad sexual. Mientras no puedo estar en el lugar de Dios y juzgar a nadie, por todo lo que las Escrituras dicen claramente uno no puede ser un homosexual que no se arrepiente y ser salvo. Uno no puede glorificarse en lo que el Señor llama inmoralidad sexual y una abominación para Él, y todavía esperar la vida eterna con Dios. ¿Puede una persona haber estado comprometida anteriormente con la homosexualidad u otras formas de inmoralidad sexual y ahora renuncia a ella y ser salvo? ¡Sí! ¿Puede esa misma persona recaer y cometer un acto grave de pecado sexual y caer de rodillas ante Dios y admitir su pecado y pedir Su ayuda para dejar de cometerlo, y permanecer salvo? ¡Sí!  Por favor entiendan, soy muy consciente de que hay muchos otros pecados que Pablo enumeró que sólo los pecados sexuales de los que debemos arrepentirnos para ser miembros del Reino de Dios. Sin embargo, debido al estado deteriorado del cristianismo moderno (e incluso algunas sectas del judaísmo) por el cual muchas denominaciones ahora aceptan la homosexualidad y otras desviaciones sexuales definidas bíblicamente como OK ante los ojos de Dios e incluso hablan de ella como buena, normal y moral, esta es la cuestión evidente de principios del siglo XXI para los creyentes y debe ser reprendida. Reprendido no sólo por el bien de la salud de la institución creyente, sino por el bien de aquellas personas que son engañadas para que piensen falsamente que están en paz con Dios mientras siguen abrazando la inmoralidad sexual. Pueden sentirse seguros, pero de hecho están en el mayor peligro eterno, y gran parte de esto se debe a algunas facciones de la Iglesia que están más interesadas en la tolerancia humana y una mayor aceptación por parte del mundo, que la verdad divina. 

Hermanos y hermanas, aquellos de nosotros que hemos sido encargados del liderazgo en el Cuerpo de Cristo les hemos defraudado durante mucho tiempo. Hemos sido encargados de enseñarte la Palabra de Dios y de ayudarte a observarla; y no lo hemos hecho tan vigorosamente. Es culpa nuestra que el mundo se esté desmoronando en todo tipo de inmoralidad sexual porque no hemos tenido el valor de hablar con valentía en contra de este. Se supone que somos los guardianes y protectores de la Palabra de Dios porque nos ha separado sólo para ese propósito. Y cuando no nos molestamos en conocer la Palabra de Dios, o retrocedemos debido a las presiones sociales, cualquier esperanza de la sociedad secular o incluso del pueblo de Dios de recordar la Palabra de Dios y obedecerla se reduce en gran medida. El arrepentimiento de los pecados es obligatorio antes de que podamos ser salvos en el Mesías Yeshua y no podemos determinar por nosotros mismos lo que el pecado es y no es, porque a medida que la sociedad humana evoluciona, también la humanidad redefine el bien y el mal, para lo que nos convenga. Cualquier doctrina que enseñe que el pecado para mí no es pecado para ti (la idea es que el Espíritu Santo personaliza el pecado para cada Creyente), es probablemente uno de los mayores culpables detrás del colapso de la moral sexual porque hace que la definición del pecado sea un blanco en movimiento. El Señor, no Sus seguidores, define el pecado; no, el mismo nunca, y jamás va a cambiar. Y nuestra fuente para una extensa definición autorizada de lo que es el pecado es la Torá.

Por consiguiente, (como esto conecta con nuestra lección de Hechos 19), leemos que una vez que Pablo explicó a los Efesios que aunque se habían arrepentido de sus pecados y estaban inmersos en la profesión pública de eso, no habían recibido el Espíritu Santo porque no habían estado inmersos en Cristo. La buena noticia es que rápidamente entendieron la deficiencia y fueron sumergidos en Yeshua por Pablo. La evidencia de su arrepentimiento sincero, y ahora su confianza en Yeshua, fue la venida visible del Espíritu Santo sobre ellos.

Volvamos a leer parte de Hechos 19.

LEER HECHOS CAPÍTULO 19:8 – hasta el final

A Pablo se le dio un tiempo relativamente largo (3 meses) para persuadir a los miembros de esta sinagoga en particular en Efeso, antes de que comenzara a desarrollarse un patrón de acontecimientos demasiado familiar. En Tesalónica sólo tuvo 3 semanas antes de que comenzara el problema. Muchos creyeron en Pablo, pero muchos más endurecieron sus corazones contra el mensaje evangélico. Cuando eso sucedió, Pablo tomó el camino audaz de no sólo salir de esa sinagoga, sino incluso llevar consigo a un número de miembros que confiaron en Yeshua. Básicamente trasladó a su nueva congregación a un edificio justo al lado de la sinagoga. No estoy seguro de cuan sabio eso fue, pero imagino que la disponibilidad tuvo algo que ver con eso.

El edificio era aparentemente algún tipo de escuela o sala de conferencias propiedad de un hombre llamado Tiranno; no sabemos si era gentil o judío. Por lo tanto, creo que es altamente especulativo en nuestra versión de la Biblia CJB llamar a este lugar una Yeshiva (una yeshiva es esencialmente una escuela religiosa judía por lo general destinado a la formación de rabinos). Aun así, Pablo pasó 2 años en este lugar enseñando y predicando. Les recordaré que el hecho de que Pablo permaneció en Efeso durante más de 2 años no significa que evangelizar en otros lugares se detuviera; hemos aprendido en capítulos anteriores que otros creyentes estaban vagando por diferentes sitios presentando el Evangelio (y aparentemente todo lo que enseñaban no era necesariamente completo o correcto).

Los versículos 11 y 12 nos dicen algo que no sólo es difícil de entender, sino que es aún más difícil de aceptar, para los creyentes modernos. Parece que los artículos ordinarios de tela que Pablo tocó fueron llevados a los enfermos y fueron sanados por los mismos. En algunos casos era lo suficiente para exorcizar demonios fuera de la gente. ¿Qué vamos a hacer con esto?

Primero, volvamos a un principio de Dios que aprendimos en la Torá: la pureza ritual y la impureza son contagiosas. Incluso la santidad puede transmitirse de persona a persona, persona a objeto y objeto a objeto. Nosotros encontramos algo similar sucediendo con Yeshua.

Mateo 9:20-22 LBLA

Y he aquí, una mujer que había estado sufriendo de flujo de sangre por doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto;

 21 pues decía para sí: Si tan solo toco su manto, sanaré. 22 pero Jesús, volviéndose y viéndola, dijo: Hija, ten ánimo, tu fe te ha sanado. Y al instante la mujer quedó sana. 

Nosotros también leemos de esta extraña secuencia de eventos en 2Reyes.

2Reyes 4:29-34 LBLA

 29Entonces él dijo a Giezi: Ciñe tus lomos y toma mi báculo en tu mano, y vete; si encuentras a alguno, no lo saludes, y si alguien te saluda, no le respondas, y pon mi báculo sobre el rostro del niño.

 30 Y la madre del niño dijo: Vive el Señor y vive tu alma, que no me apartaré de ti. Entonces él se levantó y la siguió.

 31 Y Giezi se adelantó a ellos y puso el báculo sobre el rostro del niño, mas no hubo voz ni reacción. Así que volvió para encontrarlo, y le dijo: El niño no ha despertado.

32 Cuando Eliseo entró en la casa, he aquí, el niño estaba muerto, tendido sobre su cama. 33 Y entrando, cerró la puerta tras ambos y oró al Señor.

34 Entonces subió y se acostó sobre el niño, y puso la boca sobre su boca, los ojos sobre sus ojos y las manos sobre sus manos, y se tendió sobre él; y la carne del niño entró en calor.

Así que primero había una creencia entre los judíos de que los objetos tocados por un hombre santo podían infectarse por su poder sanador y ser transmitidos a ellos. Si bien parte de esto era pura superstición, otra parte de esta creencia se basaba en hecho y provenía de la Torá. Pero, en segundo lugar, Lucas insiste en que esto realmente sucedió; Pablo entró en contacto con un paño, y alguien lo usó para curarse… ¡y funcionó!! Lo que sucedió no fue una mala interpretación de los acontecimientos. En todos los casos, por supuesto, esto era Dios haciendo las curaciones milagrosas y no realmente los seres humanos u objetos. Pero lo que Dios estaba haciendo desde una perspectiva humana era operar dentro de una cultura que buscaba tal poder sobrenatural para ser exhibido de ciertas maneras esperadas; y el propósito de esos extraños milagros siempre era enseñar y persuadir a la gente sobre el poder y la presencia de Dios. Nosotros en Occidente tendemos a ser un poco alérgicos a cualquier tipo de milagro potencial que parezca fuera de lo común desde nuestra perspectiva cultural. Pero cuando Dios está operando en África, o en las selvas sudamericanas, o en cualquier lugar que no sea occidental, ¿por qué Él no haría las cosas dentro de su perspectiva cultural para que pudiera suceder una comprensión real?

Curiosamente, Lucas cuenta sobre algunos exorcistas judíos. Esto sin duda se registra aquí como un medio para contrastar lo que hicieron con lo que Pablo hizo. Y parece que lo que estos 7 exorcistas hicieron fue visto por ellos y por el público como esencialmente lo mismo a lo que Pablo hizo. De hecho, en la cultura de Efeso (una cultura que abundó en la magia y la hechicería) sin duda muchos veían a Pablo como un exorcista. Así que lo que estamos presenciando es una especie de rivalidad unilateral. Pablo estaba curando y expulsando demonios, algo que estos 7 hijos de Esceva hicieron profesionalmente e hicieron de esto un ingreso lucrativo. Ciertamente no podían ignorar a la competencia. Antes de discutir esto, déjame aclarar algo. Muchas Biblias dirán que el padre de estos 7 exorcistas era un Sumo Sacerdote Judío; eso es incorrecto. La palabra griega es archiereus y la misma significa más sacerdote PRINCIPAL en lugar de SUMO sacerdote. Así que sea lo que sea que este hombre judío Esceva era sacerdote, él era un sacerdote de un rango superior; esto no tenía la intención de referirse al Sumo Sacerdote Hebreo que servía en el Templo de Jerusalén (ni probablemente ni siquiera uno de los sacerdotes comunes más veteranos). Esto se demuestra especialmente en que él aparentemente era uno local, y no hay ninguna posibilidad de que un sacerdote jefe del Templo de Jerusalén pudiera vivir tan lejos en Éfeso.

Ahora empieza la diversión. Estos 7 exorcistas judíos habían estado observando; y ellos ven que el nombre que Pablo invoca para sanar y expulsar demonios es Yeshua. Estos exorcistas no son orgullosos; si funciona, úsalo. En el exorcismo el uso correcto de un nombre poderoso es vital; es importante tanto el poder que expulsa a los demonios, como descubrir el nombre del demonio que habita su huésped. Pero cuando llamaron al nombre de Yeshua para expulsar a un demonio, el demonio no estaba muy impresionado. De hecho, el demonio reconoce que él está consciente de Yeshua y de Pablo e implica que, si Pablo lo hubiera ordenado salir, se habría ido; pero él no tenía idea de quiénes eran estos 7, por lo que la idea es que él no tiene intención alguna de hacer lo que dicen estos exorcistas sólo porque pronuncian el mismo nombre.

Por consiguiente, en realidad ni el nombre de Yeshua ni el de Pablo son invocados sobre la persona poseída y en su lugar el portador del demonio salta sobre estos exorcistas y los golpea. De hecho, les arranca la ropa (lo que los habría marcado con gran vergüenza). Hagamos una pausa aquí por un momento. Para este momento de la historia, una gran cantidad de sincretismo se había colado en la vida religiosa de la diáspora judía. Es decir, mucho misticismo pagano y magia se había infiltrado en prácticas sagradas y puras de la Torá. ¿por qué? Por lo general, porque era productivo o conveniente de una manera u otra.

Hay una amplia evidencia de cuán infectado con el paganismo se había convertido el judaísmo al mirar los sarcófagos de muchos venerables rabinos enterrados en un sistema de cuevas funerarias en un lugar llamado Beit Shearim en Israel (he llevado a mucha gente allí). Encontramos sus tumbas decoradas no sólo con menoras, sino también con símbolos ocultos. ¿Cómo sucedió esto? El mismo fue otro resultado devastador del exilio babilónico. Aproximadamente el 95% de los judíos que se exiliaron a Babilonia, decidieron por su propia voluntad NO regresar a la Tierra Santa, sino más bien continuar sus vidas en el mundo gentil. Para entonces habían pasado 5 siglos desde que los judíos eran liberados por el rey persa Ciro, el número de judíos había aumentado considerablemente, se habían esparcido por toda Asia para abrirse camino en la vida, y muchos encontraron prosperidad y estatus. En otras palabras, les gustaba vivir entre gentiles y disfrutaban de todos los beneficios que les traía. Pero les costaría más de lo que jamás se imaginaran. Si iban a vivir entre gentiles y beneficiarse económicamente de ello, el ceder era esencial. Muchos judíos rechazaron el ceder; pero muchos más lo abrazaron. Esceva y sus 7 hijos exorcistas judíos son un ejemplo perfecto de este sincretismo y mezcla de judíos con identidades gentiles. Y un ejemplo donde podemos ver que cedieron fue adoptar (o al menos abiertamente aprobar) la moral, la ética y las prácticas religiosas de sus vecinos gentiles. Estas prácticas religiosas inevitablemente implicaban brujería. El no haberlo hecho, por supuesto, habría sido visto por gentiles como los judíos siendo distantes y antipáticos. ¿Quién querría asociarse con alguien así?

Una cantidad de los judíos más piadosos estaban por todas partes entre los innumerables asentamientos judíos; pero sólo eran un grupo pequeño. La mayoría eligió el camino más fácil y práctico y con el paso del tiempo la brecha entre la vida judía y la vida gentil se encogió, porque demasiada diferencia interfería con la corrección política y la aceptación social. No voy a ir más lejos con esa línea de pensamiento, porque si quieres entenderla mejor simplemente mira a tu alrededor hoy en día. El cristianismo y los grandes segmentos del judaísmo han determinado que el ceder con el mundo es un mejor camino de acción que estar separado del mundo y traer consigo los abusos, el desdén y las desventajas económicas que siempre hace ser diferente y ser intolerante al pecado y a la inmoralidad. La Iglesia misma está llena de símbolos paganos que han sido prestados y cristiani- izado; los 2 días más santos del año para los cristianos eran originalmente días santos paganos y muchos de los símbolos e iconos que se utilizan hasta el día de hoy, como centros de mesa de estas fiestas son los mismos utilizados por los paganos antes de que estos días fueron prestados y renombrados.

Los efesios supersticiosos quedaron muy impresionados con Pablo, e igualmente se impresionaron con la violenta reacción del demonio sobre estos 7 exorcistas, todo debido al nombre Yeshua. Esto llamó su atención, judíos y griegos, y así comenzaron a venerar el santo nombre de Nuestro Salvador (no siempre por las razones correctas por desgracia).  Lo que vemos que sucede a partir del versículo 18 es verdaderamente impresionante; un temor reverente de Yeshua comienza a extenderse. Finalmente, el estilo de vida comienza a cambiar para que coincida con la profesión de fe en el Mesías. Parece haber tomado estas extrañas curaciones de objetos con los que Pablo contactó, junto con la escena cómicamente aterradora de estos 7 exorcistas judíos que se desmontan por un demonio no impresionado, para que Dios hiciera el punto de que Su Hijo Yeshua era poderoso, y que estaba presente, y que ninguno podía igualarlo. Y con razón, después de presenciar estos acontecimientos, los creyentes locales vinieron y admitieron sus pecados y se arrepintieron. Llegaron tan lejos como para tomar sus preciosos libros de magia oculta (un artefacto muy costoso de los hogares en efesio), y tirarlos a una pila y quemarlos. Por lo tanto, estaban haciendo una profesión pública que habían terminado con la brujería. Pero también quiero señalar que, aunque estos creyentes que trajeron estos libros de magia para destruirlos eran seguidores sinceros de Yeshua (hasta donde sabemos), probablemente eran lo que hoy podríamos etiquetar como cristianos bebés; hasta ahora simplemente nunca habían conectado la fe en Cristo con el mandamiento de Dios de no participar en la brujería, porque la hechicería en Éfeso era una parte normal de la vida diaria como el detenerse a comprar gasolina es para nosotros. No todo el mundo habría apreciado tal exhibición, porque esencialmente estos creyentes estaban renunciando dramáticamente al estilo de vida aceptado de la mayoría de los ciudadanos de Éfeso. Se nos dice que el valor de estos libros ascendía a 50,000 dracmas. Para darte una idea de cuánto dinero era esto, generalmente 1 dracma era el pago por 1 día de trabajo. 

Como resultado de toda esta agitación, atención y drama, contrariamente a lo que uno podría pensar que debería suceder, el Evangelio comenzó a extenderse aún más poderosamente. Lo he dicho antes, y me temo que no es terriblemente reconfortante: el Evangelio de Cristo nunca es más eficaz, ni se propaga más rápidamente, que cuando el Cuerpo de Creyentes está bajo tribulación.

Continuaremos con Hechos capítulo 19 la próxima vez.

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