Month: כ״ג באלול ה׳תשפ״א (August 31, 2021)

Romanos Lección 15, Capítulos 6 y 7

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EL LIBRO DE LOS ROMANOS

Lección 14, Capítulos 6 y 7

Nosotros vamos a pasar un tiempo considerable hoy definiendo términos y palabras que se han vuelto comunes en nuestros vocabularios cristianizados; pero en realidad no tenemos una comprensión definida de esas palabras y términos en nuestras mentes, o nosotros los tomamos de manera diferente a como se entienden realmente.

Por lo que antes de nosotros concluir Romanos 6 y comenzar con el capítulo 7 quiero comenzar por tomar otra oportunidad en explicar por qué Pablo debe ser entendido tan diferente de lo que ha sido tradicionalmente, y por qué esto no es una tarea fácil. ¿Por qué yo recalco tanto esto? Porque nos guste o no, lo que Pablo dice en el Nuevo Testamento forma el núcleo de la mayoría de la doctrina cristiana. El hecho de que deba ser o no es otra cosa.

Los traductores de la Biblia están siempre en un aprieto; ellos están muy conscientes de que a veces lo que están tratando de traducir del hebreo bíblico o griego al inglés es probablemente un idioma o expresión judía que es de una antigua era de 2000 a 3000 años atrás. Incluso si es bastante claro para ellos que la frase bajo traducción parece ser un modismo o una expresión que no necesariamente saben con certeza lo que significó para el escritor o para la gente de su época. Y si el significado de la expresión no está del todo claro para ellos, entonces el dilema es: ¿siguen adelante y transliteran el hebreo o griego palabra por palabra (lo que resulta en un pasaje que es probable que signifique algo para un hablante de inglés del Siglo XXI que no podría haber significado para el escritor), o lo traducen dinámicamente? Una traducción dinámica significa interpretar y escribir NO lo que las palabras dicen literalmente, sino más bien lo que esas palabras significan para comunicarse (al menos en la opinión del traductor).

Permítanme darles algunos ejemplos bien conocidos en inglés de modismos y expresiones de la cultura estadounidense para ayudar a ilustrar mi punto sobre la traducción dinámica. “No llores por la leche derramada”. “No dejes que el gato salga de la bolsa”. “Que las fichas caigan donde puedan”. “No cuentes tus pollos antes de que salgan”. “Cada nube tiene un lado positivo”. “Matar dos pájaros con una solo tiro”. Podría seguir y seguir con estos porque los modismos y expresiones son simplemente parte de nuestras conversaciones diarias. Los modismos y expresiones están diseñados para ser memorables y para comunicar algo que está conectado de manera única con la cultura particular de uno. Funcionan; y es poco frecuente que, si usara estos modismos al conversar con otro estadounidense, la otra persona no entendería instantáneamente mi significado. De hecho, en pocas palabras, esos modismos a veces transmiten algo muy específico que de otro modo podría tomar un párrafo o dos para definir. 

Pero algo muy diferente sucede cuando un estadounidense habla con un no estadounidense usando esos mismos modismos. De hecho, por lo general, ni siquiera ayuda si el estadounidense puede hablar el idioma extranjero de su compañero de conversación, porque si esos modismos y expresiones estadounidenses se traducen al idioma extranjero palabra por palabra, sin tener en cuenta la cultura, aun así, la persona extranjera no lo va a entender. O peor aún, acepta que lo que se dice significa exactamente lo que parece que dice. Recuerdo que hace algunos años en Brasil hablándole a un socio de negocios le dije “un trato es un trato”. Me miró con una expresión extraña y me dijo: «Bueno, claro que sí. Y un gato es un gato, y un coche es un coche». Él se preguntaba si yo pensaba que él era estúpido, o porque dije algo que es tan descaradamente obvio para cualquier persona pensante que tal vez él estaba siendo insultado. En realidad, me tomó alrededor de una conversación de 5 minutos explicar y matizar la expresión estadounidense “un trato es un trato” en términos culturales brasileños que finalmente tuvieran sentido para él.

Esto es lo que estamos tratando cuando estamos interpretando a Pablo, y a veces al interpretar a otros escritores de los libros de la Biblia. Pablo no es un estadounidense o un europeo y no piensa como uno o habla como uno. El Antiguo Testamento puede ser difícil de interpretar, pero se vuelve aún más turbio en algunos aspectos cuando estamos tratando con el Nuevo Testamento griego. ¿por qué? Debido a que en este punto de la historia la tradición judía, Halajá, se había integrado plenamente en la sociedad judía, muchas creencias religiosas judías, expresadas utilizando ciertos términos y expresiones únicas, eran casi universalmente aceptadas dentro de la cultura judía y se daban por sentadas. Y como sucede en muchos idiomas, las abreviaturas, modismos y expresiones se desarrollan como una especie de abreviación para expresar la esencia de estas diversas creencias. Por ejemplo: una expresión religiosa cristiana popular es “una vez salvo siempre salvo”. Es la abreviación para una afirmación larga y compleja sobre la naturaleza y el funcionamiento de la redención. Pero sólo tiene significado para un cristiano que se aferra a un sistema de creencias similares y que vive en la misma cultura. Fuera de eso, esas palabras son incomprendidas o no tienen ningún significado discernible en lo absoluto.  

Pablo nos trae un conjunto único de dificultades de traducción e interpretación. Como fariseo y rabino altamente educado, él no solo pensaba y explicaba los asuntos religiosos en términos estándar para su cultura judía, sino que él también pensaba y explicaba las cosas en términos de cómo se le enseñaba en la Academia de Gamaliel, en la que fue un alumno estrella. Hay una estructura y un protocolo único que los rabinos usan para declarar o debatir los principios religiosos y las regulaciones del judaísmo que podemos identificar dentro de las declaraciones de Pablo, siempre que sepamos qué buscar. Ya he señalado algunos de estos y les mostré que lo que Pablo parece estar diciendo de acuerdo con nuestra forma del Siglo XXI de usar el idioma inglés dentro de la cultura occidental (y especialmente dentro de la Iglesia del Siglo XXI, que tiene ciertos puntos de vista doctrinales que no son tan universales como podríamos suponer), no siempre está de acuerdo con lo que quiso decir dentro de su cultura judía del Siglo I, que tenía como centro al judaísmo. Más bien Pablo está usando palabras y expresiones que eran cotidianas, comunes y bien entendidas en la sociedad judía, pero que pueden significar algo completamente diferente para nuestros oídos. Nuestro trabajo (por difícil que sea) es descubrir lo que él quiso comunicar a sus contemporáneos; no lo que aparenta que SUENA para nosotros 2000 años más tarde en un entorno cultural completamente diferente. Por ejemplo: te hablo regularmente sobre la buena inclinación y la mala inclinación. Estos no son términos estándar de la Iglesia Occidental. Pero son términos judíos estándar de la Era del Antiguo y Nuevo Testamento, y el concepto de que los humanos nacen con inclinaciones buenas y malas es perfectamente válido, bíblicamente hablando, incluso si el cristianismo usa términos diferentes para expresar un concepto teológico similar. Pablo, por supuesto, usa los conceptos judíos detrás de esos mismos términos y modismos para él expresarse en sus cartas que forman tanto de nuestro Nuevo Testamento (¿qué más él usaría?). Pero si no reconocemos ese hecho, y si no podemos explorar lo que significó desde su punto de vista judío del Siglo I D.C., entonces está casi garantizado que derivaremos algunas doctrinas muy extrañas de esas palabras, o encontraremos a Pablo haciendo declaraciones contradictorias, o pareciendo estar en desacuerdo con la Torá o (a veces) con Cristo.

Les digo esto porque especialmente los pasajes de los capítulos 6 y 7 de Romanos se malinterpretan porque muchos comentaristas de la Biblia, y casi todos los pastores y maestros de la Biblia, no reconocen las expresiones culturales judías que Pablo está usando para lo que son. Permítanme darles algunos ejemplos de este tema utilizando expresiones extranjeras bastante estándar de nuestra época, que cuando se traducen directamente al español ciertamente tienen un significado, pero la suma de las palabras en realidad no significa lo que suena a nuestros oídos. En alemán hay una expresión que dice literalmente: “Tienes tomates en los ojos”. Ahora podemos entender esas palabras e ir a mirarnos en un espejo para ver si realmente tenemos tomates descansando sobre nuestros ojos. Pero en el lenguaje alemán esto no tiene nada que ver con los tomates. Significa: “Tú no estás viendo lo que todos los demás obviamente ven”. 

Otro ejemplo viene de Suecia. La expresión es: “No hay vaca en el hielo”. Y, por supuesto, aunque esas palabras ciertamente tienen significado en español, en realidad este modismo no tiene nada que ver con las vacas o el hielo. Más bien significa: “No hay nada de qué preocuparse”. Gracias al Señor esos dos modismos no son expresiones hebreas que se encuentran en el Nuevo Testamento; de lo contrario, los tomates, las vacas y el hielo sin duda ocuparían lugares prominentes en nuestras doctrinas cristianas y servicios de la Iglesia.

Continuemos con nuestro estudio del Libro de Romanos y continuaré señalando cuando nosotros estemos tratando con expresiones culturales judías y lo que parecen haber significado en ese momento. Lo que esas palabras significaron entonces es lo que tienen que significar para nosotros ahora o nosotros habremos perdido el punto.

VOLVAMOS A LEER ROMANOS CAPÍTULO 6:12 – hasta el final

Quiero revisar algo importante con ustedes. En Romanos hemos escuchado a Pablo hablar acerca de tres clases distintas de ley divina. Me detengo a hacer esto porque muy pocos comentaristas de la Biblia reconocen que hay tres e insisten en que no hay más que un uso y significado para la palabra “ley”. Existe el tipo de ley divina como Pablo dice que Adán recibió; un mandamiento directo, exclusivo, del Señor que realmente está destinado sólo para esa persona. Luego hay otro tipo de ley divina con la que todos los seres humanos nacen. Conocemos innatamente estas leyes y todos los humanos están obligados a obedecerlas; esta es la Ley Natural. Finalmente está el tercer tipo de ley divina que fue dada a los israelitas en el Monte Sinaí: la Ley de Moisés. Pablo ha hecho todo lo posible para explicar que no importa cuál de los tres tipos de ley divina una persona pueda violar, el que lo haga es pecado y por lo tanto esa persona se convierte en un pecador. Y dado que la Ley de Moisés ni siquiera vendría a la humanidad hasta después de que los israelitas hubiesen abandonado Egipto, entonces sólo dos tipos de ley divina habían existido hasta entonces: un mandato directo, exclusivo, individual, de Dios, y la Ley Natural. Así, todos los seres humanos, independientemente de su raza, nacionalidad o etnia, y en todo momento de la historia, han estado sujetos a un tipo de ley divina u otra; y así todos los seres humanos podían (y lo hicieron) pecar. ¿Cuál es la consecuencia del pecado? La ira de Dios y, en última instancia, la muerte eterna. Eso, y qué hacer al respecto, ha sido el enfoque del Libro de Romanos.  

Pero es igualmente importante que entendamos que aparte de la ley divina, Pablo también teje otro tipo de ley en su disertación que pasa desapercibida para el ojo inexperto: la Ley Judía. Halajá. Tradición. La ley hecha por el hombre en oposición a la ley divina. Tenemos que estar atentos a esto. Así que como creyentes de la Biblia nuestro desafío es que cuando Pablo habla de “ley”, ¿cuál de los tres tipos de ley divina y un tipo de ley hecha por el hombre él está hablando? La mayor dificultad para identificar cuál es cual es porque en todos los casos Pablo sólo utiliza una palabra griega para los cuatro tipos de ley: nomos. Y cuando traducimos nomos al español, siempre es “ley”. Así que un estudiante de la Biblia tiene que ser muy cauteloso al leer las cartas de Pablo, y especialmente el Libro de Romanos.

Aunque discutimos el versículo 14 la última vez, lo seguiremos brevemente, ya que es un ejemplo perfecto del idioma judío que significaba una cosa para los judíos entonces, pero comunica algo diferente a los cristianos de hoy. Dice esto: “Porque el pecado no tendrá autoridad sobre ti; porque no estás bajo la ley sino bajo la gracia”. Cité al eminente comentarista de la Biblia C.E.B. Cranfield, quien señala que, aunque pueda sonar así, esto no implica que la Ley de Moisés esté muerta para los cristianos. Más bien debemos entender lo que significan “bajo la Ley” y “bajo la gracia”. Pero antes de eso, ¿qué se entiende por ‘el pecado no tendrá autoridad sobre ti’? Hemos aprendido que aquellos que viven bajo el dominio del pecado están viviendo bajo la autoridad de la muerte, ya que el pecado y la muerte se fusionan como uno solo. ¿Y quiénes son los que viven bajo el dominio del pecado? Todos los que vienen de Adán. Nosotros. Todo el mundo. Por lo tanto, lo que está siendo contrastado por Pablo son las consecuencias de lo que le sucede a un pecador de acuerdo con la Ley de Moisés, versus lo que le sucede a un pecador que, por la gracia de Dios, ha sido justificado. Las consecuencias de pecar (que es la ira de Dios sobre el pecador) ha sido el tema desde la mitad del capítulo 1 de Romanos. Y Pablo ha estado predicando que por medio de un pecador confiando en las obras fieles del Mesías Yeshúa el pecador puede ser protegido de la ira de Dios, que se es lo que se merece. Por lo tanto, las consecuencias de pecar bajo la ley es la ira de Dios (muerte), pero las consecuencias de cometer los mismos pecados bajo el acto misericordioso de Dios justificando al pecador (gracia), es la invalidación de la ira de Dios. 

Luego, en el versículo 15, nos encontramos de nuevo con un modismo judío. En este caso es el modismo judío utilizado especialmente por los rabinos. De la manera rabínica estándar en que se crea una cuestión de interpretación de las Escrituras y una regla resultante al respecto, Pablo pone palabras en la boca de su hombre de paja. Y las palabras son en respuesta a Pablo aparentemente implicando que, si estamos libres de la ley, entonces también debemos estar libres de pecar. Así que el hombre de paja dice: entonces “Sigamos pecando porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia”. En la expresión rabínica estándar de estar fuertemente en desacuerdo con una propuesta de regla teológica, Pablo responde: “¡Dios no lo quiera!” Luego, comenzando en el versículo 16, continúa explicando por qué la idea del hombre de paja de que bajo gracia está bien continuar pecando no es correcta.

Para hacer su caso, Pablo recurre de nuevo al uso de la doctrina fundamental del judaísmo llamada Los Dos Amos. Por favor, tome nota: mientras que el concepto de una persona que no sirve a dos amos se puede encontrar existente en el sentido más amplio en la Torá (como el mandamiento en Éxodo de no servir a otros dioses más que el Dios de Israel), la misma no está citada explícitamente en la Biblia hasta que lo leemos en el Nuevo Testamento. Lucas 16:13 LBLA 13 Ningún siervo puede servir a dos señores, porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No pueden servir a Dios y a las riquezas. Entonces, ¿por qué no escuchamos esta doctrina de los Dos Amos antes del Nuevo Testamento? ¿Acaso fue una innovación de Cristo quien esencialmente creó y habló la doctrina de Dos Amos como una especie de nueva doctrina “cristiana”? No. Esta era una doctrina establecida desde hace mucho tiempo del judaísmo; Yeshúa simplemente estaba usando algo familiar.

Recuerda: El judaísmo fue el resultado del exilio babilónico. Así que Pablo sabía de esta doctrina judía de los Dos Amos desde su infancia. Por lo tanto, utiliza la doctrina de dos amos, señores para hacer su punto porque los creyentes judíos en Roma se habrían dado cuenta instantáneamente de la misma y aceptado su validez.

Y Pablo dice que, si obedeces tu instinto interior para pecar, entonces eres un esclavo de este. Y puesto que los judíos conectaron pecar con nuestra inclinación malvada, entonces vieron la inclinación mala como un Solo Amo y la buena inclinación como un segundo Amo. Pablo recuerda a sus lectores que no se puede ser esclavo de ambos. Una vez fuimos esclavos del amo del pecado, ahora somos esclavos del amo de la justicia (Dios).

Él hace algo interesante en el versículo 19: se disculpa por usar la elección de palabras que hizo. ¿por qué? Porque en la Diáspora, y sobre todo en la capital del Imperio Romano, Roma, ser esclavo era una cosa baja y degradante. Así que usar la metáfora de la esclavitud para expresar la devoción de un creyente a obedecer a Dios era usar algo repugnante y, por lo tanto, inapropiado en la cultura romana. Así que mientras Pablo entendía esa sensibilidad, la usaba, como lo hace a menudo, para que el impacto ganara la atención de sus lectores. Pero el punto que Pablo está haciendo aquí es que después de ser liberado de la esclavitud al Amo para pecar, no significa que un Creyente no tenga obligaciones con su nuevo amo, el Amo de la justicia: Dios. Y me temo que a menudo se piensa erróneamente entre muchos cristianos evangélicos que el tipo de libertad que obtienen en la salvación es la libertad de la obediencia a Dios o de cualquier obligación con Él. Pablo deja en claro que nuestra nueva libertad encontrada es sólo de nuestra obligación de pecar, porque habíamos permitido que nuestras malas inclinaciones fueran nuestros Amos.

También quiero señalar en el versículo 19 cómo habla acerca de cómo en el pasado aquellos a quienes está escribiendo su carta solían usar sus cuerpos para la impureza y la anarquía, lo que, Pablo dice, sólo condujo a más anarquía. ¿Qué quiere decir Pablo con anarquía? ¿Acaso está dando a entender que eran criminales? Cuando la Biblia habla de anarquía, está hablando sólo de una cosa: leyes divinas. Violar la ley en la Biblia significa romper las leyes divinas de Dios; no leyes hechas por gobiernos humanos. De hecho, Yeshúa era tan consciente de esta realidad y de este entendimiento entre los judíos que hizo un punto para enseñar que los adoradores de Dios debían obedecer a sus gobiernos humanos. Sin embargo, en otras declaraciones también se deja en claro que esto sólo se aplica a las leyes del gobierno que estaban en acuerdo moral con las leyes de Dios. Por lo tanto, si el gobierno humano endiosa a su líder, los adoradores de Dios, por supuesto, no estaban siendo instruidos para, como buenos ciudadanos, cometer idolatría y adorar al líder del gobierno. Y era lo mismo con respecto a todas las cuestiones de moralidad. Sin embargo, cuando se trata de asuntos no morales como el servicio militar obligatorio en el ejército, los impuestos, la ley contractual y similares, entonces de hecho los adoradores de Dios deben cumplir con sus leyes gubernamentales locales.

Por lo tanto, un sustituto muy bueno y apropiado para el término anarquía como se usa en la Sagrada Escritura que revela cómo se quiso decir en los días de Pablo sería la falta de Torá. De hecho, la falta de Torá lleva consigo un sentido mucho más preciso de lo que Pablo quiere decir que la anarquía, que suena a nuestros oídos modernos como las acciones de un criminal.

Pablo termina esta sección de su carta a los Romanos declarando su conclusión, que es en realidad (en la cultura judía) una resolución halájica. Después de debatir contra su hombre de paja, ahora, durante varios capítulos, el versículo 23 pone fin a este flujo particular de pensamiento con una instrucción religiosa de que todos los que adoran a Yeshúa como Señor y Salvador deben seguir. Una regla que es la base misma del cristianismo.

Romanos 6:23 LBLA Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.  

Vamos a movernos a Romanos capítulo 7.

LEE ROMANOS CAPÍTULO 7

Este capítulo, si tuviera un título, probablemente debería ser: La verdadera libertad es la libertad de la condenación de la ley. Pasé bastante tiempo al comienzo de nuestra lección de hoy explicando que la clave para entender el Nuevo Testamento, y especialmente Pablo, es detectar sus modismos y expresiones judías. Los versículos iniciales de Romanos 7 nos ofrecen tal oportunidad.

Pablo ofrece esta “extraña” apertura al capítulo 7 diciendo que sus “hermanos” ya deberían saber la mayor parte de lo que les está diciendo. Los hermanos de Pablo son los creyentes judíos de Roma porque dice que él está hablando con respecto a aquellos que conocen y entienden la Torá (al menos eso es lo que dice la versión en inglés CJB). La mayoría de las versiones en español no usan la palabra Torá, sino que dirán “ley” o “la ley”. Así que, en esas versiones, Pablo está hablando de aquellos que ya deberían conocer la ley. Discutimos en una lección anterior que al agregar el artículo definido “la” antes de la palabra “ley”, la convertimos en “La Ley”. “La Ley” en el pensamiento judío significa la Ley de Moisés. El problema es que en este versículo el artículo definido no está realmente allí. Los traductores de la Biblia han añadido la palabra “el” con el fin de hacer parecer que Pablo está hablando de la Ley de Moisés. Pero los manuscritos griegos del NT no lo tienen de esa manera.

Ya he explicado que la palabra griega para la ley es nomos, y que Pablo usa el término nomos para referirse a varios tipos diferentes de ley y no sólo a la ley de Moisés. Así que nuestro desafío es identificar de qué tipo de ley está hablando en un momento dado, ya que en Romanos el término “ley” se usa constantemente. El consenso general de los traductores de la Biblia es que Pablo de hecho está hablando acerca de la Ley de Moisés en los versículos 1 – 3, cuando utiliza la analogía de una mujer que está casada con su marido, pero luego el marido muere por lo que de acuerdo con la ley ella es libre de volver a casarse con otro hombre. Y esta libertad se debe a que desde que el marido murió ya no está bajo la ley, por lo que la viuda es liberada. Prácticamente todos los comentarios de la Biblia que pude encontrar coincidieron en que lo que Pablo estaba citando era un mandamiento de la Torá (la Ley de Moisés) sobre las circunstancias bajo las cuales una viuda podía volver a casarse. Y, estos comentaristas de la Biblia están equivocados. 

¿Cómo sé que están equivocados? Porque no hay ninguna ley de la Torá que se ocupe de que una viuda pueda volver a casarse; de hecho, está prohibido. Lo más parecido que hay en la Ley de Moisés a una viuda que se vuelve a casar legítimamente después de la muerte de su marido es la ley del matrimonio levirato, por la cual un hombre muere, pero su esposa no le ha producido hijos. El hermano del hombre está obligado a casarse con la viuda y producir un hijo varón con ella. La razón es que las líneas de sangre del esposo fallecido continuarán, porque el hijo producido por la viuda y el hermano se consideran como pertenecientes al esposo fallecido. Claramente esto no es en absoluto lo que Pablo tiene en mente y la Ley de Moisés no tiene otras leyes en este sentido para que una viuda se vuelva a casar. Más bien, en los versículos 1 -3 Pablo está citando una ley general de la sociedad judía que dice que cuando una mujer judía enviuda, puede volver a casarse y no es adulterio. El tema importante para nosotros, sin embargo, es de dónde viene esta ley porque claramente NO proviene de la Ley de Moisés. Más bien, es una Tradición. Ley judía. Pablo no se refiere a las Escrituras; él se refiere a Halajá.   

En el Mishná leemos esto: Una mujer es adquirida en matrimonio de tres maneras y adquiere su libertad en dos. Adquiere su libertad por divorcio o por la muerte de su marido. En cuanto al divorcio, está bien, ya que está escrito “entonces le escribirá una carta de divorcio”; pero ¿de dónde sabemos que es liberada por la muerte de su marido? Es lógica; él (el marido) la ató; por lo tanto, él la libera…por consiguiente la muerte se compara con el divorcio: así como el divorcio la libera completamente, también la muerte libera completamente.

La Torá conlleva la pena de muerte para una mujer que se vuelve a casar porque se considera adulterio; por lo que se creó una resolución de Halajá (una Tradición) dentro del judaísmo que dice que una viuda que se vuelve a casar no es culpable de adulterio. Por lo tanto, sabemos que en Romanos 7:1 – 3 tenemos un ejemplo de cuando Pablo usa el término nomos para querer decir ley en el sentido de Halajá, Ley judía. Y claramente Pablo da mucha autoridad a esta resolución de los rabinos y lo acepta como legítimo. Sin embargo, no creo que Pablo tenga una línea clara y consciente de demarcación entre la Ley de Moisés y la Ley Judía; la mayoría de las veces él ve la Ley Judía como una interpretación ampliada de la Ley de Moisés, por lo que es casi una en la misma. Esto se debe a que así es exactamente como la sociedad judía lo veía. Cuando habla de la Ley de Moisés desde un sentido histórico y técnico, eso es una cosa. Pero cuando habla de la ley desde un sentido social/cultural judío, la ley de Moisés y la ley judía están tan estrechamente relacionadas que la mayoría de las veces las ve como unificadas.

Así que cuando en el versículo 1 dice que sus hermanos ya entienden la “ley”, él quiere decir que ellos entienden la ley judía; Halajá: el código de ley judía de la cultura judía. Esto no significa que hayan sido formalmente entrenados en la Ley de Moisés como lo fueron los sacerdotes. Debemos recordar que, en la diáspora judía especialmente, el único contacto real que los judíos tenían con sus autoridades religiosas tuvo lugar en la Sinagoga donde gobernaban los fariseos. Y los fariseos eran los autores y ejecutores de Halajá y NO de la Ley de Moisés. Fue el Halajá quien gobernó el judaísmo y la Sinagoga; no la Ley de Moisés. Espero que esto ustedes estén empezando a comprender, ya que me doy cuenta de que han estado aprendiendo casi todo un vocabulario nuevo y estoy seguro de que ha sido todo un desafío.

Comienza a ser más complejo con el versículo 4. Pablo, usando la ilustración y analogía de los versículos 1 -3 sobre la viuda que se vuelve a casar, dice que los creyentes en Yeshúa han sido hechos muertos a la Torá (La Ley). Pero aquí Pablo cambia y se refiere a la Ley de Moisés y no a la Ley Judía. ¿Cómo lo sé? Porque el artículo definido “el” está de hecho presente en el griego. Así que Pablo de hecho está diciendo “La Ley”, la cual indica La Ley de Moisés. Recuerda: él no está tratando de aplicar la resolución de Halajá de los versículos 1 -3 al versículo 4; él sólo lo está usando como una ilustración de cómo pensar en un creyente que muere a La Ley. En el caso de la viuda, fue su marido el que falleció. Usando esa ilustración, en el caso del versículo 4 es el Creyente en Yeshúa el que murió a La Ley de Moisés.

Esto es lo que pasa; independientemente de lo que esto signifique, precisamente, el punto importante es que es el Creyente quien murió; La Ley no murió. Sin embargo, debido a que los cristianos han tenido perforado en nuestras cabezas durante 19 siglos que la Ley ha muerto, inconscientemente leemos ese significado en el pasaje. Por favor, miren cuidadosamente este versículo y fíjense: ¿quién o qué murió? ¿La persona o la Ley? ¿Hay alguna implicación de que La Ley ha muerto? ninguna.

Entonces, ¿qué puede significar para un creyente morir a la ley? ¿Qué está tratando Pablo de decir? Podemos tomar su afirmación para decir que significa una de dos cosas: 1) Los creyentes ya no tienen ninguna obligación de seguir la ley de Moisés, y por lo tanto para nosotros cualquier violación de la ley de Moisés no es pecado para nosotros. O 2), los creyentes ya no se ven afectados por algún aspecto en particular de la Ley de Moisés. La Iglesia Institucional dice que la opción 1 es correcta: no tenemos la obligación de seguir las leyes de Dios como se encuentra en la Ley de Moisés y si hacemos algo que la Ley de Moisés prohíbe, no es pecado para nosotros como creyentes. El problema es que Cristo no sólo dice lo contrario en Mateo 5, también lo dice el apóstol Juan. LBLA 1 Juan 3:4 Todo el que sigue pecando está violando la Torá, de hecho, el pecado es una violación de la Torá.

La opción 2 es la correcta. De hecho, es la opción bastante obvia. Hay algún aspecto de la Ley de la Torá que los creyentes ya no están bajo y Pablo ha estado hablando de ese aspecto a través de Romanos. El enfoque de su carta ha sido la ira de Dios por los pecadores y cómo podemos evitarla. El problema ha sido la condena (pena de muerte) que viene con el pecado. Y Pablo ha dicho que la Torá, La Ley de Moisés, detalla la ley de Dios para que lo que es pecado y lo que no es pecado se vuelva cristalino. Pero también detalla la pena por el pecado. El próximo capítulo de Romanos, Romanos 8, comienza de esta manera: LBLA Romanos 8:1 Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación esperando a aquellos que están en unión con el Mesías Yeshúa. Ahí está; así como Pablo resumió las cosas al final del capítulo 6 con: Porque lo que uno gana del pecado es la muerte; pero la vida eterna es lo que uno recibe como un regalo gratuito de Dios, en unión con el Mesías Yeshúa, nuestro Señor. (Rom 6:23 LBLA), ahora resume el capítulo 7 de Romanos con el primer versículo del capítulo 8: Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación esperando a aquellos que están en unión con el Mesías Yeshúa.  

El aspecto de la Torá a la que los creyentes están muertos es la condenación que proviene de desobedecer sus muchas leyes; no estamos muertos a la ley misma. La salvación no nos ha liberado de la obediencia a la Ley; más bien, la Salvación nos ha liberado de la pena de muerte que la Ley exige para la desobediencia a la Ley. ¿Dónde hemos oído esto antes?

Mateo 5:17-19 LBLA 17» No piensen que he venido para poner fin a la ley o a los profetas; no he venido para poner fin, sino para cumplir.

 18 Porque en verdad les digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la ley hasta que toda se cumpla.

19» Cualquiera, pues, que anule uno solo de estos mandamientos, aun de los más pequeños, y así lo enseñe a otros, será llamado muy pequeño en el reino de los cielos; pero cualquiera que los guarde y los enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos.

Así que según Cristo y según Pablo, la Ley de Moisés permanece en vigor para los creyentes, pero a través de la gracia de Dios somos salvos de la condenación de lo que sucede cuando quebrantamos cualquiera de esas leyes (pecamos). Así que, ya que ese es el caso, ¿qué pasa con los creyentes que se niegan a obedecer la Ley de Moisés? Cristo dice que ya sea que obedezcamos o no, todavía somos miembros del Reino de los Cielos; es decir, permanecemos salvos (aunque en otros pasajes Pablo deja en claro que esto es cierto sólo hasta cierto punto). Sin embargo, el Reino de los Cielos es un reino real; tendrá un verdadero Rey (Yeshúa), tendrá reglas y leyes reales, y tendrá ciudadanos reales cuyo estatus estará organizado en una jerarquía real (la Iglesia a menudo se refiere a esta jerarquía Celestial como joyas colocadas en nuestras coronas). Yeshúa dice que aquellos Creyentes que se esfuerzan por obedecer La Ley de Moisés recibirán el estatus más grande en el Reino de los Cielos. Pero aquellos Creyentes que dicen que no ven la necesidad de obedecer la Ley de Moisés se les dará el menor estatus en el Reino de los Cielos.  

Así que si tu meta es llegar al Reino de Dios por un pelo (no es una meta muy sabia), entonces simplemente determina que la Ley no es para ti. Pero si tu meta es agradar a Dios en esta tierra, y obedecer Su Ley en la mayor medida de tu capacidad y circunstancias (una buena meta), entonces una experiencia y estatus mucho mayor en el Reino te espera. No tengo ni idea de las diferencias tangibles entre los dos estatus. Pero yo una vez escuché a una persona describirlo de esta manera: si cuando vas al Cielo y te metes en la línea donde están repartiendo un transporte, ¿cuál preferirías tener: ¿un Mercedes o una tabla de patinar?

Continuaremos en Romanos capítulo 7 la próxima vez.

Romanos Lección 13, Capítulo 5 continuación

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EL LIBRO DE LOS ROMANOS

Lección 13, Capítulo 5 continuación

Al regresar al capítulo 5 del libro de los Romanos, nosotros acabamos de terminar de aprender del enfoque de Pablo para explicar cómo funciona el Evangelio mediante una comparación que está haciendo entre Adán y Yeshua. En el versículo 12 Pablo declaró lo siguiente:

LBLA Romanos 5:12 Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron;

El cristianismo, como tiene la costumbre de hacer, ha tomado este versículo y lo ha convertido en una doctrina. Le dio un nombre a esa doctrina y la hizo fundamental para la fe cristiana: la Doctrina del Pecado Original. La mayoría de los creyentes son conscientes de la enseñanza de la Iglesia sobre el pecado original de Adán; sin embargo, como vimos la semana pasada hay varias variaciones en el mismo (te hablé de seis variaciones). No importa; La teología de Pablo, y la comprensión total de lo que la muerte sacrificada de Yeshua logró, se basa en la proposición de que fue la rebelión de Adán en el Jardín del Edén la que introdujo el pecado en la raza humana (si no en el mundo en general) y que el pecado también trajo la muerte consigo como consecuencia. Permítanme ser claro: Pablo implica que el pecado no existía en los seres humanos antes de la ofensa de Adán de comer la fruta prohibida; y por consiguiente la muerte no existía en los seres humanos anteriormente. Así que Pablo vincula el pecado y la muerte como un vínculo inquebrantable; si tienes uno, tienes el otro. Algunos creen que la muerte en el reino animal tampoco existió, y de hecho tampoco el tiempo tal como lo conocemos existió, hasta que Adán pecó. ¿Por qué el tiempo no habría existido en aquel entonces? Porque el tiempo es esencialmente una medida de deterioro, y el deterioro es el proceso de morir. Yeshua dijo esto:

Mateo 6:19-20 LBLA

19 No os acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban;

20 sino acumulaos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban;

 El óxido (oxidación) es deterioro; así que cuando Cristo describe las condiciones aquí en la tierra Él explica cómo las polillas y el óxido se degradan gradualmente y, en última instancia, destruyen las cosas físicas. Pero, Él dice, en el cielo no hay polillas y óxido que destruyan; Él está describiendo el deterioro en términos adecuados para Su época. Si no hay deterioro, entonces todo lo que existe permanece en su estado inmaculado para siempre. Nosotros tenemos un nombre para eso; eternidad.

Todas las dimensiones de la existencia (ya sean sólo las 3 dimensiones del espacio que vemos a nuestro alrededor, o más dimensiones como sugieren los modelos matemáticos y muchos físicos piensan que hay) son necesariamente dimensiones que tienen el tiempo como uno de sus elementos, o tienen la eternidad como uno de sus elementos. El tiempo y la eternidad no pueden coexistir porque la eternidad, como atestigua la Biblia, es una existencia sin tiempo y por lo tanto sin deterioro. Así que tal vez el Universo fue creado originalmente como 3 dimensiones eternas. La 4ta dimensión, el tiempo, puede haber sido parte de la consecuencia del pecado de Adán; o tal vez mejor dicho, el tiempo estalló al igual que la muerte instantánea porque ambos están fusionados como uno, con uno siendo la medida del otro. Por lo tanto, la 4ta dimensión es una especie de maldición colocada sobre las 3 dimensiones originales. Además del tiempo, 3 dimensiones atemporales se cambiaron a 3 dimensiones limitadas en el tiempo. Y la Biblia, el Antiguo y el Nuevo Testamento, se acerca fundamentalmente a la muerte como la maldición final. La pregunta, entonces es, qué se puede hacer al respecto porque poco ha aterrorizado a los seres humanos desde Adán y Eva más que la perspectiva de nuestra propia mortalidad. Por mucho tiempo, los ricos han gastado enormes sumas de dinero tratando de derrotar los efectos del tiempo y engañar a la muerte.

Por lo que yo propongo esta proposición radical delante de ustedes: el Evangelio es, como afirma Pablo, el único remedio posible para el pecado de Adán; pero aún más el Evangelio está destinado a revertir la muerte y el deterioro porque el Evangelio literalmente marcará el comienzo de la vida de los muertos para los seres humanos que confían en Dios. Incluso las 3 dimensiones en las que todos vivimos serán finalmente renovadas, nunca más serán maldecidas por la existencia de la 4ta dimensión del tiempo porque el tiempo ya no existirá. Y si realmente se puede contar como una dimensión, entonces la 4ta dimensión dejará de ser una dimensión del tiempo, y en su lugar se convertirá en una dimensión de la eternidad. ¿Suena a ciencia ficción? ¿En qué parte del mundo Tom Bradford se le ocurrió tal balbuceo seudocientífico mezclado con la religión y Dios y esperaría que nosotros lo creyéramos?

Apocalipsis 21:1-7 LBLA

LBLA Apocalipsis 21:1  Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe.

 Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo.

 Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él habitará entre ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos.

 Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado.

 Y el que está sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y añadió: Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas.

También me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tiene sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.

 El vencedor heredará estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo.

Apocalipsis 22:1-5 LBLA

LBLA Apocalipsis 22:1  Y me mostró un río de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero,

 en medio de la calle de la ciudad. Y a cada lado del río estaba el árbol de la vida, que produce doce clases de fruto, dando su fruto cada mes; y las hojas del árbol eran para sanidad de las naciones.

 Y ya no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará allí, y sus siervos le servirán.

 Ellos verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes.

 Y ya no habrá más noche, y no tendrán necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios los iluminará, y reinarán por los siglos de los siglos.

Amigos; yo los lleve por este camino para comenzar nuestra lección de hoy porque hablamos demasiado del Evangelio de una manera demasiado limitada. Nosotros pensamos de la misma en términos de “Iglesia”. Nosotros pensamos en ello como “salvarse” y luego ser más amables el uno con el otro. Pensamos en ello en términos de cómo uno gana membresía a un grupo. Y, por supuesto, lo pensamos en términos de cuando morimos podemos ir al cielo en lugar de a ese otro lugar. Pero el Evangelio es mucho más grande y expansivo que eso; el Evangelio afecta a todo lo que existe, así como el pecado de Adán y la maldición resultante de la muerte afecta todo lo que existe. No es de extrañar que mientras (sobre una base limitada y por la gracia de Dios) la sangre de los animales pudiera ciertamente expiar los pecados humanos; pero la sangre de toros y cabras no podía literalmente restablecer el Universo. La sangre sacrificada de ovejas y ganado no podía traernos un proceso de creación completamente nuevo. Pero la sangre de Cristo podría. De hecho lo hizo y (como se desarrolla) el Evangelio está en el proceso de llevarnos a una Creación completamente nueva donde el pecado ni siquiera es una posibilidad. Y como el pecado no es posible, entonces tampoco la muerte y el deterioro.  Esta es la razón por la que Pablo fue impulsado a llevar las Buenas Nuevas al mundo a cualquier costo personal; y es por eso que nosotros debemos hacerlo también. Un mensaje de esperanza en un mundo que tiene muy poco que esperar.  

Vamos a volver a leer una porción de Romanos capítulo 5.

VOLVAMOS A LEER ROMANOS 5:12 – hasta el final

Así que en el versículo 12 Pablo nos habla de los efectos del pecado original y cómo la muerte se introdujo inicialmente en la humanidad (posiblemente en el Universo) y cómo se propaga; vino a través de la obra mala de un solo hombre: Adán. Pero en el versículo 13 Pablo regresa a un argumento menos teológico y más como un argumento lógico/racional sobre el pecado en relación con la Torá (usaré los términos Torá y la Ley de Moisés de manera intercambiable). Él nos dice que la lógica simple dice que la humanidad existió mucho tiempo antes de que Dios le diera la Torá a Moisés. Entonces, si es la Ley de Moisés la única fuente que nos dice lo que es el pecado, ¿qué pasa con el tiempo entre Adán y Moisés cuando no había la Ley de Moisés? Y Pablo dice que sí, por supuesto que el pecado estaba en el mundo antes de Moisés (¿cómo podría alguien argumentar seriamente ese punto?). Sin embargo, él continúa diciendo algo bastante confuso. De hecho, es en este punto que muchos comentaristas bíblicos buenos y honestos dirán que el resto del capítulo 5 de Romanos es muy difícil, y contiene algunas ambigüedades que podrían permitirnos entender legítimamente las palabras de Pablo en más de una forma. Así que Pablo dice que ponga fin al versículo 13: “pero el pecado no se cuenta como pecado cuando no hay Ley (no Hay Torá)”. ¿Qué? ¿Eso significa lo que parece significar? Yo pensé en los capítulos 1 y 2 que Pablo había hecho su caso de que no importa si la Ley de Moisés estaba en existencia, o si los gentiles no tenían ningún conocimiento de la Ley, porque la Ley Natural que es conocida por todos los seres humanos de Adán en adelante nos dice claramente el estándar de Dios del bien y del mal; lo que Dios quiere y no quiere de los humanos. Por consiguiente, existe una especie de Torá (una especie de ley) que no es la Ley de Moisés, contra la cual se mide toda la humanidad en todas las épocas y por lo que todos los seres humanos puedan pecar ante Dios y ser juzgados legítimamente por Dios (Adán no tenía la Ley de Moisés, y sin embargo su pecado cambió la naturaleza del mundo).

Debemos tener cuidado aquí de no tomar la declaración de Pablo de que donde no hay Ley (sin Torá), entonces el pecado no puede ser contado como pecado, demasiado rígido o universalmente, ni especialmente desde una mentalidad occidental moderna. Esta declaración es una de las pocas que Pablo hace que haya dado lugar a algunas doctrinas cristianas dudosas. Un malentendido de esta declaración ciertamente difícil de Pablo ha hecho que la mayor parte del cristianismo lo haga un axioma de la Iglesia que como sin la Ley de Moisés no hay pecado, entonces cuán tontos son los judíos hoy en día, y cuán tontos y equivocados deben haber sido esos israelitas de antaño, de haber seguido realmente la Ley de Moisés. Porque si se hubieran negado a seguirlo, ¡podrían haber evitado pecar! ¿Y adivina qué? Es aún más para los cristianos. Por creyentes que se niegan a saber nada sobre la Ley de Moisés, supuestamente estamos a salvo de pecar. Bueno, si ese es el caso, entonces los no cristianos están en mejor forma; ciertamente no saben nada de la Ley, así que estos no creyentes no pueden pecar porque no conocen la Ley para desobedecerla, ¿verdad? Entonces, si no pueden pecar porque no saben nada acerca de la Ley, ¿por qué sus pecados inexistentes tendrían que ser expiados por Cristo? Espero que veas que tal doctrina es esencialmente un pelotón de fusilamiento circular. Es evidente que todo lo que Pablo pretende aquí, ciertamente no es eso. Entonces, ¿qué podría significar? Te voy a dar mi opinión, pero eso es todo lo que es: mi opinión. Obviamente yo tendré que dar una explicación.   

Parte con lo que estamos tratando aquí es que no hay una palabra griega para la Torá. Y hay sólo una palabra griega típicamente favorecida para expresar ley o regulación, incluso una costumbre establecida: nomos. Sabemos por el contexto de un pasaje que a veces, cuando Pablo habla de derecho, habla específicamente de la Ley de Moisés (la Torá). Pero en otras ocasiones cuando habla de la ley está hablando de la ley judía (Halajá). Y, sin embargo, en otras ocasiones emplea el mismo término exacto, nomos, para describir la ley de Dios que todos los hombres tienen dentro de ellos, gentiles y judíos, lo que judeocristianismo ha llegado a llamar la Ley Natural. Así que cuando la palabra griega nomos es utilizada por Pablo puede significar legítimamente al menos 3 cosas diferentes: la Ley de Moisés, o la Ley Natural, o la Ley Judía. Estoy desconcertado en cuanto a por qué Pablo no vio la necesidad de insertar una palabra o dos para ayudar a sus lectores a diferenciar entre las tres posibilidades (aunque de vez en cuando lo hace). Sólo puedo pensar que él asumió que el contexto lo dejó claro; o como estas cartas suyas siempre fueron enviadas a sinagogas donde los creyentes de su época se reunían, entonces él dio por sentado que los judíos entenderían naturalmente su significado y, si fuera necesario, lo explicarían a los gentiles creyentes que también asistieron a esas sinagogas y/o reuniones congregacionales.  Yo pienso que también es muy probable que muchas veces la propia mente de Pablo no hiciera una fuerte distinción entre la Ley de Moisés y la Ley Judía. Como fariseo él habría aceptado fácilmente como correctas muchas de las interpretaciones rabínicas de la Ley que se habían convertido en tradiciones, por lo que no había necesidad de ser demasiado preciso para decir si estaba hablando directamente sobre la Sagrada Escritura o sobre una interpretación de la Sagrada Escritura.  

Sin embargo, debido a que desde finales del siglo II ha habido una inclinación doctrinal por los cristianos gentiles en contra de los judíos y también en contra la Ley de Moisés (una inclinación que se convirtió en Ley de la Iglesia en el siglo IV), entonces cada vez que Pablo utiliza el término ley (nomos), casi siempre se interpreta que significa la Ley de Moisés. Esto es así especialmente cuando una declaración sobre la ley es vista como Pablo diciendo algo negativo al respecto. Así que voy a usar mis propias palabras parafraseando lo que creo que Pablo quiere decir, y luego explicaré por qué lo creo. Creo que él está diciendo: “El pecado estaba presente en el mundo antes de que se diera la Ley de Moisés; pero el pecado no se cuenta como pecado cuando no hay ley divina”. Pablo está diciendo que es evidente que había pecado antes de Moisés, por lo que lógicamente tenía que haber leyes de Dios en existencia, incluso si esas leyes no provenían de la Ley de Moisés. ¡Esta suposición es porque si no había ninguna ley de Dios, entonces realmente no había manera de pecar! La definición misma del pecado es violar las leyes de Dios. A Adán sólo se le dio UNA LEY: ¡no comas esa fruta! Él se rebeló violando la única ley que Dios le dio a él; Adán pecó.    

Desde el Capítulo 1 de Romanos, Pablo ha estado explicando que el pecado no sólo está asociado con violaciones de la Ley de Moisés; el pecado también se asocia con violaciones de la Ley Natural o cualquier ley directa que Dios pueda dar a una persona. Pablo acaba de utilizar el ejemplo de Adán que ciertamente no tenía la Ley de Moisés; y sin embargo, por una ley divina que Dios pronunció directamente a Adán (no comas del fruto del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal) él violó esa ley y trajo la muerte al mundo. Así que a pesar de que hubo mucho tiempo de historia cuando no había ley de Moisés, eso no significa que no hubiera ninguna ley de Dios en existencia. Y cuando un humano viola esas leyes (cualquier humano, en cualquier momento) fue contado como pecado. Y como Pablo explicó anteriormente, es por eso, que todos los seres humanos, y no sólo los judíos, son susceptibles de pecar y así experimentar la ira de Dios. Así que el pecado de violar la Ley Natural (o incluso una ley especial dirigida sólo a una persona) es tan mortal para el pecador como lo es por violar la Ley de Moisés.  

Por consiguiente, la razón por la que Pablo dijo lo que dijo en el versículo 13 (algo que nos confunde tanto en nuestro tiempo) es porque estaba hablando del período de tiempo entre Adán y Moisés antes de que hubiera algo como la Ley de Moisés. Él se dirigió al hombre de paja con el que ha estado debatiendo desde el comienzo del libro de los Romanos, y el hombre de paja de Pablo ha presumido incorrectamente: ‘pero el pecado es imposible sin la Ley de Moisés’. Resulta que esa era realmente la creencia dentro del judaísmo dominante de la época de Pablo. Pablo, por supuesto, estaba muy consciente de esto y estaba refutando ese pensamiento porque iba en contra de su teología concerniente al Evangelio.

El versículo 14 continua con la validación de mi opinión sobre la intención del versículo 13. Es decir, Pablo dice que a pesar de que Adán recibió un mandamiento directo y personal de Dios que él violó, toda la raza humana que provenía de Adán continuó pecando a su manera y experimentó la muerte. Sin embargo, los humanos no podrían haber cometido el mismo pecado que Adán porque a los humanos ya no se les permitía vivir en el Jardín donde se encontraba el árbol prohibido. Por lo tanto, tenía que haber algunas leyes divinas comunes y tácitas que los seres humanos violaban. O como lo dice Pablo, los pecadores fueron: “Aquellos cuyos pecadores no eran exactamente como la violación de Adán de un mandato directo”. Pablo termina el versículo 14 diciendo que Adán prefiguró a alguien que vendría más tarde (Pablo alude a Cristo). 

Sin embargo, en el versículo 15, después de decir que Adán prefiguró a Cristo, Pablo matiza su declaración diciendo que aun así hay diferencias entre Adán y Yeshua (estos son los tipos de cosas que Pablo hace que enloquezca a los académicos Bíblicos). Dice que el don gratuito de Yeshua (rectitud, justicia) no es como la ofensa que Adán cometió. Él dice que, debido a la mala obra de un hombre, muchos han muerto. Sin embargo, de la buena obra de un hombre diferente, Yeshua, la gracia de Dios ha llegado a tantos. Y que, debido a la mala obra de un hombre, todos los humanos han sido condenados judicialmente a muerte. Sin embargo, debido a la buena obra de un hombre, se dispone de un indulto judicial. Aún más, el indulto es un regalo gratuito.  

Así que en el versículo 17 Pablo dice que debido a que la muerte y el pecado son hermanos de sangre, el pecado de Adán abrió la puerta para que el dominio de la muerte entrara y gobernara sobre la humanidad. Sin embargo, debido a que Dios ofrece el don libre de justicia a los pecadores, hecho posible por la muerte de Yeshua en la cruz, entonces esto ha abierto la puerta para que el dominio de la vida entre y gobierne sobre la humanidad. Así que el dominio de la muerte causado por Adán es contrarrestado por el dominio de la vida causado por Yeshua. El punto para notar desde la perspectiva de tratar de entender hacia dónde va Pablo con esto es que a pesar de que primero dice que Adán prefiguró a Cristo, no es una comparación de similares que Pablo termina haciendo, sino más bien un contraste bastante marcado. Adán causó juicio; Yeshua causó rectitud, justicia. Adán produce la muerte; Yeshua produce vida. Aparte de la comparación de que 2 seres humanos causaron que estas cosas les sucedieran a muchos otros seres humanos, lo que se produce a partir de estos 2 hombres son resultados opuestos.  

Antes de continuar quiero explicar algunas cosas sobre Pablo que tal vez ya estés captando y tal vez te ayude en tu estudio personal. Pablo tiende a comunicarse en un estilo conversacional algo casual. Así que no es inusual para él hacer una declaración bastante audaz (incluso descarada) y luego caminar hacia atrás un poco porque sabe que puede haber ido un poco por la borda o se ha encontrado de repente dirigiéndose en una dirección que no tenía la intención de ir. También tiende a discutir un tema de fe o un principio de Dios o un área de teología que podría tener varios aspectos complejos en él, pero resalta sólo uno o dos de los aspectos y no confronta los otros aspectos en absoluto. Sin una lectura más exhaustiva puede parecer al estudiante Bíblico que uno o dos de esos aspectos que Pablo destaca son los ÚNICOS aspectos de ese tema o principio que existen (o tal vez son los únicos aspectos de cualquier importancia), aunque ese no sea el caso. Mi conclusión es que este recalcar que hace tiene todo que ver con quién está hablando y cuál es la agenda específica que está tratando de comunicar. Pablo asume con razón que cualquiera que lea sus cartas está directamente asociado con la congregación a la que está escribiendo, ya sea en Éfeso, Corintio o Roma. A pesar de lo que la Iglesia institucional ha hecho con sus cartas (es decir, hacer de las mismas proclamaciones generales teológicas y enseñanzas aplicables a todos los cristianos en todas las circunstancias) eso está lejos del caso. Y durante siglos la afirmación de los teólogos ha sido que cuando se toman juntas las cartas de Pablo son un sistema intencional y organizado de teología cristiana que Pablo está elaborando cuidadosamente; Niego rotundamente que este sea el caso.     

Así que en el versículo 18 cuando él explica algo que ya ha abordado 2 o 3 veces en esta sección, él dice que así como fue una ofensa (un pecado) lo que llevó a todos los seres humanos bajo condena (el pecado original de Adán), así mismo es con un acto justo (Yeshua yendo a la cruz) todas las personas pueden ser consideradas rectas, justas, él está hablando, usando palabras amplias, pero al mismo tiempo está lidiando con un tema estrecho. Por ejemplo: decir que debido a este acto justo (presumiblemente de Yeshua) TODAS las personas pueden ser consideradas rectas simplemente no es cierto. Él ha llevado el patrón de Adán demasiado lejos (algo típico de Pablo). Si bien es cierto que el pecado de Adán efectivamente trajo la muerte a TODAS las personas que vendrían después de él, definitivamente NO es cierto que el sacrificio de Cristo trae rectitud, justicia a TODAS las personas. Así que, de nuevo el típico Pablo, acaba de hacer otra declaración audaz y se ha ido un poco por la borda, por lo que en el versículo 19 comienza a retroceder en su declaración.

En el versículo 19 dice que por medio de la desobediencia de un hombre (Adán) muchos fueron hechos pecadores, por lo que por medio de la obediencia de un hombre (Yeshua) muchos serán hechos justos. Espérate un minuto: hace apenas un segundo dijo que Adán hizo pecadores a TODAS las personas, ahora es muchas. Hace apenas un segundo Pablo dijo que TODAS las personas fueron rectas, justas por el sacrificio de Cristo, ahora son muchas. ¿Qué ha pasado? Es simplemente Pablo siendo Pablo. Es su estilo y le encanta usar metáforas y analogías, y para su época toma algunas libertades poéticas para hacerlas impactantes. De ninguna manera estoy denigrando a Pablo o criticándolo. Yo no digo que Pablo sea sospechoso. Estoy diciendo que, de los muchos escritores de la Biblia, Pablo es el último que deberíamos estar sacando una de sus declaraciones y convirtiéndolo en una doctrina de la Iglesia porque muy probablemente tendrá más que decir sobre ese tema y dirá algo diferente al respecto la próxima vez. Algunas denominaciones prefieren el versículo 18 y así dicen que la teología de Pablo es que el mundo entero…hasta el último ser humano…ha sido redimido por la muerte de Cristo. Es sólo que algunos se dan cuenta de su redención y otros no. Esto es en realidad un entendimiento dentro de la Iglesia Católica (entre otras iglesias) y enfatizado por el Papa Francisco recientemente y el Papa Juan Pablo II hace algunos años. Aquí hay una cita del Papa Juan Pablo II: “En el Espíritu Santo, todo individuo y todas las personas se han convertido, por medio de la Cruz y resurrección de Cristo, en hijos de Dios, en partícipes de la naturaleza divina y herederos de la vida eterna. Todos son redimidos y llamados a compartir gloria en Jesucristo, sin distinción de lenguaje, raza, nación o cultura.”    

Sin embargo, para aquellas denominaciones que prefieren apoyarse en el versículo 19, entonces son sólo algunas personas las que serán salvas y el resto no lo será. Los salvos estaban en alguna lotería celestial y “elegidos” o “predestinados” por Dios para ser salvos; este es un precepto que Calvin tenía.

Es fundamental en todos los libros Bíblicos mirar el contexto inmediato, pero también más amplio, de lo que se está diciendo sobre cualquier tema en particular o dentro de cualquier pasaje en particular, o podemos encontrarnos perdiendo el rumbo y llegando a algunas conclusiones incorrectas; es especialmente así con el apóstol Pablo. No sólo debemos mirar un capítulo entero, sino más bien un libro entero (o carta) que ha escrito y a veces incluso tenemos que mirar todas las cartas de Pablo en su conjunto para destilar su teología real sobre cualquier principio dado. En todo momento debemos mantener en la vanguardia de nuestra mente que, aunque fue el apóstol elegido personalmente por Cristo para los gentiles, él no era gentil. Pablo todavía era judío de judíos y fariseo de fariseos según su propia descripción de sí mismo. Pensó como judío porque nació judío y esa fue su educación cultural. Pensó en los términos religiosos del judaísmo, porque se formó en la escuela élite del judaísmo, en Jerusalén, en la Academia de Gamaliel. Pablo no podía entrar en la mente de un gentil porque no era uno. De hecho, debido a que era judío de la diáspora, tenía un cierto nivel de comodidad social y tolerancia hacia los gentiles que los judíos de la Tierra Santa no tenían. Pero incluso cuando Pablo se dirige directamente a los gentiles, usa pensamientos y términos judíos para comunicarse porque eso es lo que él era. Siempre debemos entender a Pablo dentro de su carácter cultural judío y reconocer que algunas de las cosas especialmente difíciles y ambiguas que dice son muy probablemente expresiones culturales judías comúnmente utilizadas en su época, pero cuyos significados se han perdido en la historia. Esto es lo que hace leer a Pablo que sea fascinante y frustrante, y cargado de baches.  

Así que ahora en el versículo 20 Pablo comienza a reunir lo que ha estado diciendo en una conclusión con el propósito de establecer una doctrina. Les diré de antemano que lo que ha estado diciendo sobre la Ley de Moisés habría sido impactante, incluso insultante, para la mayoría de sus lectores judíos. Ha puesto la Torá en una luz menos que estelar. Sin duda tenía la intención de sorprenderlos. No sorprendes a la gente por ser amable y diplomático, algo para lo que Pablo era muy adecuado de hacer. Así que dice que la razón por la que la Ley de Moisés fue creada por Dios, y luego dada a Israel cuando Él la dio, fue para que las ofensas en contra de Dios aumentaran. Donde nosotros encontramos la palabra prolifera en nuestra versión en inglés CJB (el pecado proliferaría), o aumenta o abunda en otras versiones en español, la palabra griega es pleonazo. Esta palabra significa sobre abundante; para aumentar sobre abundantemente. Es una palabra que indica una cantidad extrema de crecimiento. Sin embargo, dice Pablo, para contrarrestar la super cantidad de aumento del pecado que produciría la Ley, el Señor aumentaría la gracia a un nivel aún más alto. Pablo lo ha vuelto a hacer. Ha hecho una declaración audaz y descarada que esencialmente reduce el propósito y el alcance de la Torá, el venerado y antiguo Libro Santo de los judíos, a algo en su mayoría negativo si no intrínsecamente defectuoso. En lugar de hacer que se produzca justicia, la Ley hace que los pecados y las maldiciones exploten a niveles inauditos. Escuchar a Pablo contarlo hasta ahora en el Libro de los Romanos, la Torá es similar a un Caballo de Troya enviado por Dios a Su pueblo elegido. Sin embargo, dice el versículo 21, todo esto es parte del plan de Dios para que la gracia supere el pecado y la muerte como gobernante de este mundo.  Y esta Torá que causa pecado irónicamente trae aún más gracia; la gracia hace que más personas sean justas por Dios, y al final terminan con la vida eterna.    

Primero: si bien esta es una gran pieza de hipérbole, la misma también es Pablo hablando con veracidad y precisión sobre un aspecto estrecho de un tema complejo: la Torá. Él sabe, al igual que cualquiera que haya estudiado seriamente la Torá, que la Torá fue dada como bendición y don de vida por Dios a Su pueblo.

Segundo: tan exagerado y negativo como Pablo ha hecho su comentario sobre el propósito de la Torá, no obstante expone una gran verdad sobre la humanidad. Es que cuanto más nos dicen qué NO hacer, más queremos hacerlo. Hay algo en las largas listas de hacer y no hacer que energiza nuestras inclinaciones malvadas. Nuestra inclinación malvada quiere hacer lo que sea que Dios no quiera que hagamos, y viceversa. La Ley, en su detalle y explicación, revela exhaustivamente la voluntad de Dios para nuestra vida. La generalidad de la Ley Natural ha dado paso a lo explícito de la Ley de Moisés. No hay manera de ocultar nuestro comportamiento y nuestros pensamientos; no hay ambigüedad con la Ley. No tenemos que preguntarnos si lo estamos haciendo bien o mal; la Ley de Moisés lo deja claro. No sólo se establecen las leyes, también lo son las penas de ordenadas por Dios por violar las leyes. Así que, en ese sentido, la Ley aumentó los pecados. La Ley expone el pecado en nuestra vida por lo que es realmente. Pero Pablo, en su descaro, también ha creado una impresión en su hombre de paja que está estallando para salir. ¿Acaso puede Pablo en realidad estar diciendo que esencialmente cuanto más pecamos, más gracia da Dios? ¿Acaso puede Pablo realmente estar dando a entender que el pecado es algo bueno porque aumenta la gracia; ¿Que es prácticamente nuestro deber religioso pecar más para que se pueda aplicar más gracia y, por lo tanto, Dios reciba aún más gloria? ¿Y es por eso que Dios le dio la Torá a Moisés e Israel?

Pero aún más, de acuerdo con esta línea de razonamiento de repente el pueblo elegido por Dios ha sido puesto en una desventaja horrible. Dios los rescata de Egipto, les da Su Torá en el Monte Sinaí, exige que la obedezcan, y cuando lo hacen se encuentran en una posición mucho más peligrosa que los gentiles a los que no se les dio la Torá. Después de todo; ¿según la lógica de Pablo que es el más expuesto al peligro de la ira de Dios? ¿Las personas que no tienen la Ley o las personas que lo hacen? Si todo el propósito de la Torá es crear más pecado, ¿cuál ha sido el beneficio de seguir la Torá? ¿Y por qué Dios le haría esto a Israel? Pablo parece haberse cavado en un agujero profundo. La semana que viene comenzaremos el capítulo 6 y veremos cómo él mismo se desentierra.     

Romanos Lección 14, Capítulo 6

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EL LIBRO DE LOS ROMANOS

Lección 14, Capítulo 6

Romanos capítulo 5 versículo 20 dice esto: Y la Ley (Torá) se introdujo para que abundara la transgresión, pero donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia, (Romanos 5:20 LBLA). O en español, Pablo está diciendo que se dio la Ley de Moisés para que los pecados se volvieran aún mayores; pero donde el pecado aumentó, la gracia de Dios aumentó una cantidad aún mayor, por lo que Dios siempre estaba por delante de la curva. Esta es una afirmación muy audaz, pero Pablo lo pretende como más que eso; pretende que esta sea una doctrina fundamental que los creyentes en Yeshua deben adoptar. Sin embargo, debido a que está presentando sus doctrinas en un estilo típico talmúdico (presentando su regulación propuesta a un hombre de paja, en esencia), él se deja a sí mismo abierto para una suposición del hombre de paja que es radical hasta el punto de lo absurdo. Y esa suposición es que si lo que Pablo está afirmando es cierto, entonces se deduce que a los creyentes se les acaba de dar luz verde para seguir adelante y pecar más, ya que aparentemente cuanto más pecamos, más Dios derrama Su gracia; y cuanto más Dios derrama Su gracia, más gloria recibe Dios de Sus adoradores. ¡Por lo tanto, debe ser el deber de los creyentes pecar más para que más halago y gloria vaya a Dios!

Pablo está muy consciente de que un creyente romano podría llevar su afirmación a un extremo y sacar la misma conclusión absurda que el hombre de paja por lo que debe remediar esto. Eso es lo que abordan los 2 versículos iniciales del capítulo 6 de Romanos. Y, por cierto: claramente le preocupa que los creyentes romanos estuvieran predispuestos a tomar lo que él dijo de la manera equivocada. Los receptores de la carta viven en la capital del paganismo y la mundanidad, Roma, y Pablo nunca ha conocido a estos creyentes por lo que sólo puede suponer lo que saben y no saben sobre el Evangelio. Él no tiene conocimiento personal de qué doctrinas (buenas o malas) podrían haber establecido entre sí. Puede parecer desarticulado para nosotros al mirar nuestras Biblias modernas que Pablo propondría la doctrina en un capítulo y luego esperaría hasta el siguiente capítulo para explicarse. Pero sólo parece así debido a la adición de divisiones de capítulos y marcadores de versos que no existían en su época. Cuando él escribió la carta era justo como cuando nosotros escribimos una carta; la misma era una larga narración sin divisiones ni subsecciones marcadas. La Biblia no se dividió en capítulos hasta el siglo XIII.  

Antes de leer el capítulo 6 creo que es importante que analicemos la palabra “gracia”. En hebreo la palabra típicamente traducida como gracia es Jen, aunque a veces la palabra hebrea Jesed se traduce como gracia en Biblias en inglés (pero no debería serlo). Jen significa favor o gracia. Jesed significa más bondad amorosa. En griego la palabra que casi siempre se traduce al inglés como gracia es Jaris. Así que el Jaris griego está tratando de traducir el Jen hebreo. Sin embargo, la palabra griega jaris parece combinar más o menos las definiciones de las palabras hebreas Jen y Jesed, por lo que Jaris puede significar favor, gracia, bondad o buena voluntad. No hay nada de malo en eso; sólo señala que los vocabularios griego y hebreo no siempre tienen una relación completa uno a uno. Es decir, hay muchas palabras hebreas que no tienen una palabra griega equivalente directa (y viceversa), por lo que, al traducir palabras o pensamientos hebreos al griego, a veces lo mejor que se puede hacer es una aproximación. Sin embargo, no hay razón para discutir sobre la elección de la palabra griega jaris para indicar la gracia de la manera en que Pablo lo quiso decir, y en la forma en que normalmente pensamos de ella. Realmente no hay otra palabra griega que podría haber sido utilizada.      

Sin embargo, la gracia tiene un significado muy amplio en la Biblia y en el uso en español. La gracia implica la noción de favor; pero es el cristianismo el que lo ha llevado un paso más allá y ha hecho que la definición de gracia sea un favor INMERECIDO. Esto se debe a que en español “favor” puede ser realmente plenamente merecido; puede ser una reciprocidad pagar con la misma moneda (te hice un favor, ahora me debes un favor a cambio). Favor puede ser algo que se espera o habitual. Favor puede simplemente indicar aprobación o apoyo, o puede indicar una preferencia o incluso una indulgencia.  Yo acepto completamente la idea de que, Bíblicamente hablando, la gracia significa un favor inmerecido siempre y cuando lo limitemos a que Dios se lo conceda a los seres humanos. Aun así, tenemos que hacernos una pregunta importante: ¿cuál es la sustancia particular de la gracia de Dios? En otras palabras, cuando Dios nos da gracia implica que Él hará algo en particular por nosotros. Así que, por ejemplo: Dios podría mostrarme gracia dándome el trabajo que tanto necesitaba. Podría mostrarme gracia sanándome de una enfermedad grave. Podría mostrar una gracia ministerial suministrando una necesidad monetaria. Así que el término “gracia” no tiene ningún significado real aplicable para nosotros hasta que lo conectamos a un acto o evento específico. Así que al leer Romanos 6, ten en cuenta que cuando Pablo habla de la gracia de Dios lo dice en su imagen de abreviatura. Cuando Pablo habla de la gracia, lo dice en relación directa con alguna acción en particular que Dios hizo y en la que Pablo está pensando.

Lo diré de nuevo de esta manera: decir “gracia” por sí mismo simplemente significa un favor inmerecido de Dios. ¿Pero qué favor? Hasta que no sepamos la naturaleza exacta del favor no sabemos lo que implica ese acto de gracia. Una ilustración más y seguiremos adelante. Entras por la puerta principal y le dices a tu esposa: “¿Mira que gesto más noble; nuestro vecino nos hizo un favor maravilloso”; y te vuelves y sales de la habitación? ¿Esposa, que sería lo primero que te viene a la mente? Primero, estarías desconcertada porque no tienes idea de lo que él está hablando. Así que pensarías: “¿Qué favor hizo nuestro vecino?”  Favor, gracia, debe estar conectado a una acción identificable particular para que tenga cualquier aplicación real o significado para nosotros. Así que cuando decimos que somos salvos por gracia, tiene poca aplicación real hasta que nosotros identificamos qué acción particular de gracia Dios hizo para salvarnos.

Por lo tanto, cuando leemos el capítulo 6 de Romanos y Pablo usa repetidamente el término “gracia”, tiene una acción específica en mente que ha identificado previamente. ¿Y qué es lo que Pablo dice que Dios hizo por los pecadores como Su acto de gracia? Él nos hizo justos. ¿Y cómo nos hizo justos? Él descendió del cielo y nos “justificó” como un regalo gratuito. En términos cristianos, Él nos “justificó” en un acto de gracia.  Volveremos a esto para aclarar un poco más a medida que avancemos en el capítulo 6.

Vamos a caminar lenta y deliberadamente a través del capítulo 6 mientras Pablo hace numerosos puntos teológicos que son críticos para la comprensión de nuestra fe. Así que tomaremos todo el tiempo que sea necesario para obtener todo lo que podamos de él y trabajaremos en la definición de algunos términos.

LEE ROMANOS CAPÍTULO 6

Así que para comenzar el capítulo 6 Pablo utiliza el método típico del talmud para tratar el tema de Dios que otorga más gracia a medida que la gente peca más. Nuestro hombre de paja ha llegado a la conclusión errónea que se presenta en el versículo 1: Entonces nosotros vamos a decir: “¿Sigamos pecando para que pueda haber más gracia?” Por lo tanto, el hombre de paja ha creado su propia regulación que dice que los creyentes deben ser alentados a seguir pecando para que abunde más gracia. Pablo obviamente no está de acuerdo con esa regulación y (de nuevo de manera estándar de Talmud) responde a ella para comenzar el versículo 2 con: “¡Dios no lo quiera!” Ahora que se ha dicho la regulación incorrecta, y Pablo reacciona fuertemente en contra de ella, él afirma la regulación correcta: “¿Cómo podemos nosotros que hemos muerto al pecado, todavía vivir en el mismo?” Y a partir de ahí él complementa los detalles de su regulación y por qué su doctrina es la correcta.  

Otra de las principales doctrinas que Pablo establece es lo que él llama “morir al pecado”. Aquí está una de esas frases (o términos) que los cristianos utilizan a menudo, lo cual no es tan fácil de entender o explicar. Por alguna razón, la mayoría de los comentaristas Bíblicos no parecen ser capaces de llegar a una sola definición estándar de la misma con algunos comentaristas sugiriendo que Pablo quiere decir “morir al pecado” en un sinnúmero de formas simultáneamente. Se hacen grandes esfuerzos para conectar “morir al pecado” con la muerte de Cristo, y pecar a la Ley, y así sucesivamente. Veo que el tema se vuelve innecesariamente complicado dentro del cristianismo porque no lo entendemos en la mentalidad cultural judía del siglo I; un entendimiento que era generalizado y de conocimiento común entre el pueblo judío. Así que como Pablo es un erudito judío entonces tenemos que verlo de la manera que él lo habría hecho.

Una de las creencias judías más fundamentales era (y sigue siendo) que la humanidad nace con dos inclinaciones: una buena inclinación (yetzer hatov) y una inclinación malvada (yetzer hará). Dado que todos los seres humanos tenemos dos inclinaciones opuestas dadas por Dios dentro de nosotros, se deduce que también tenemos la libertad de elegir obedecer una u otra; esta es la definición judía de libre albedrío y cómo se hace posible. En el pensamiento judío, un ser humano es dominado por su inclinación al bien o por su inclinación al mal. Por lo tanto, se contempla una relación amo / esclavo, ya que la esclavitud era una parte normal y visible de la vida en la era bíblica y todos entendían la relación de esclavo con amo. En esta creencia judía, el amo es la inclinación, mientras que el esclavo es la persona. Este principio fue resumido por una doctrina judía fundamental (enseñada por los fariseos) llamada la doctrina de los dos caminos. Los esenios sostenían una doctrina casi idéntica que titulaban la doctrina de los dos espíritus. La conclusión de ambas doctrinas es que el hombre no puede ser un esclavo que sirve a dos amos. Así, un hombre no puede obedecer tanto a su inclinación al mal como a su inclinación al bien; debe elegir. Yeshua obviamente creyó en esta filosofía doctrinal y la enseñó de esta manera:

LBLA Mateo 6:24 Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

En la declaración de Yeshua, Dios es personificado como el amo de la buena inclinación, y el dinero (o realmente, el sistema mundial) se personifica como el amo de la inclinación malvada. Puesto que es la inclinación malvada la que produce pecado, entonces “caminar en pecado” es ser esclavo del amo de tu inclinación malvada. Por el contrario, “morir al pecado” es reconocer un cambio de amos. Dejas de ser esclavo de la inclinación malvada y en su lugar te conviertes en un esclavo de la buena inclinación. Realmente es así de sencillo, y es ciertamente lo que “morir a pecar” habría significado para los judíos.

En el versículo 3 Pablo comienza diciendo: “¿Acaso no sabes?” Por lo que él le está diciendo a los creyentes de Roma que él asume que ya entienden el ritual del bautismo que ha sido practicado por los hebreos desde tiempos inmemoriales. El baño ritual era fundamental y habría sido necesario para que cualquier creyente gentil se congregase con cualquier creyente judío. Así que Pablo está conectando el concepto de bautismo como símbolo de morir al pecado, con la muerte de Yeshua. Lo que puede ser un poco confuso es lo que significa el término “bautizado en Cristo” o “inmerso en Cristo”. La palabra griega para bautizar es baptizo. La misma era una palabra bastante común para la época que no siempre tenía matices religiosos. Más bien era algo que los de la industria de la tela usaban. Baptizo, destinado a sumergirse; pero también significaba algo más que simplemente sumergir un objeto en agua o líquido. En la industria de la tela significaba sumergir el paño en un cubo de tinte y el paño tomando las características del líquido de tinte; es decir, la tela absorbía el tinte de color y así se convirtió en el mismo color. Por consiguiente, cuando se utiliza en la esfera religiosa, cuando los judíos entraban en el Mikvé (el baño ritual), ellos tomaron las cualidades del agua viva en la que estaban sumergiéndose (El agua viva es pura y limpia). Y cuando un creyente es inmerso en Cristo (fueron bautizados en Cristo), la idea es que estemos siendo inmersos en Sus cualidades, las cuales nosotros absorbemos en nosotros mismos como un paño absorbe el líquido de color en una tina de tinte. Así pues, dado que una de las cualidades de Cristo era que Él murió, entonces cuando somos bautizados también absorbemos la cualidad de Su muerte. Por lo tanto, podemos decir que morimos con Cristo.  

Por supuesto, para los creyentes en Yeshua, para los días de Pablo el bautismo también fue un ritual para obtener la membresía en la comunidad de creyentes (igual que es visto en el cristianismo en nuestro tiempo). Este no era un concepto nuevo; los Esenios hicieron lo mismo mucho tiempo antes de que Yeshua naciera. Una persona que quería unirse a la comunidad de los Esenios tenía que ser bautizada en la misma…tenían que ser sumergidos en una Mikvé que simbolizaba absorber las cualidades de los Esenios, la cual era necesaria para formar parte de la comunidad.

A partir del versículo 4, Pablo comienza a matizar aún más lo que quiere comunicar y francamente comienza a complicarse bastante. Haré todo lo posible para desenredarlo y hacerlo más comprensible. Pablo dice que a través de nuestra inmersión (bautismo) en su muerte (es decir, ambos nos identificamos con Cristo y tomamos las cualidades de su muerte), nosotros también estamos enterrados con Él. La muerte es una cosa; el entierro es otra cosa. El entierro indica la forma lógica y culturalmente aceptada de indicar el fin de la vida. También es el final oficial de la vieja vida. Por lo que el bautismo de creyente no sólo nos identifica con la muerte de Cristo, sino también con Su entierro. Así como Su vida antigua fue muerta y enterrada, también nuestra vida vieja (vida antes de la salvación) ha muerto y está enterrada. La muerte de Cristo fue por medio de la crucifixión y eso tiene significado en sí mismo. Por lo que el bautismo del creyente nos identifica como simbólicamente uniéndonos a Cristo en la cruz como el medio de la muerte, y también uniéndonos a Él en la tumba como la finalidad de la muerte. Entender este simbolismo diferente entre la muerte y el entierro nos ayudará a ver lo que Pablo está tratando de decir a medida que avanzamos en este capítulo.  

La última mitad del versículo 4 explica que la razón de nuestro bautismo e identificación con la muerte y sepultura de Cristo es para que podamos dar el siguiente paso, que es identificarnos con la resurrección de Cristo de entre los muertos. Así como el Padre resucitó a Yeshua de entre los muertos a una nueva vida, así será para nosotros. Es importante que entendamos que esta resurrección que experimentan los creyentes es doble: primero, somos resucitados a una nueva calidad de vida en el aquí y ahora. En segundo lugar, en el futuro resucitaremos corporalmente y entraremos en un estado físico glorificado completamente nuevo, tal como lo hizo Cristo cuando resucitó. De modo que el cambio que experimentamos con el bautismo en Cristo es en parte inmediato y en parte en el futuro.

Ahora una pregunta: hasta ahora Pablo ha estado hablando sobre el bautismo. ¿Es el bautismo una necesidad o es opcional? ¿Si es una necesidad acaso esto significa que HASTA que nosotros nos bauticemos no estamos muertos al pecado, no estamos enterrados con Cristo, y por lo tanto seguimos siendo la persona vieja, sin seguir viviendo la nueva vida redimida de un creyente? Es decir: ¿qué pasa con una persona que ha profesado a Cristo, pero por una razón u otra nunca ha sido bautizada (ya sea impedida por las circunstancias o rechazada por elección)? Puede que no pueda darle una respuesta satisfactoria a eso, pero una cosa es cierta: en Romanos 6 (y en otros pasajes) para Pablo bautismo (inmersión) es absolutamente el momento ritual indispensable para los gentiles o judíos cuando se produce la finalización de dejar nuestra antigua vida pecaminosa en Adán y entrar en nuestra nueva vida recta en Cristo. Cuando vamos a un funeral, y especialmente si hay un servicio junto a la tumba y el ataúd se baja a la tierra, hay una sensación de cierre. Incluso si ese ser querido ha estado muerto durante unos días, el impacto de la finalidad de la muerte no suele ocurrir hasta que el funeral ha terminado. Porque el bautismo de Pablo sirve ese mismo papel para un nuevo creyente; el mismo indica finalidad y cierre. Pero también hay otro aspecto del bautismo a considerar. El bautismo es el rito de iniciación en la comunidad de creyentes para un nuevo creyente. Por supuesto, la fe en Cristo se asume antes de que ocurra el bautismo, por lo que parece que la salvación ocurre independientemente del bautismo y antes del mismo. Pero la salvación y sus efectos sobre nosotros no son todos inmediatos o todos a la vez. Hay grandes debates religiosos sobre la secuencia y el momento de llegar a la fe, la morada del Espíritu Santo, la recepción de dones espirituales, etc. para un creyente recién profesado. El bautismo, para Pablo, es claramente parte de la secuencia de salvación y un peldaño importante que no debe ser dejado de lado. Porque el bautismo de Pablo va mucho más allá del mero simbolismo y conlleva consecuencias reales y tangibles con él. Curiosamente, las consecuencias del bautismo parecen estar más en el aquí y ahora en estos cuerpos presentes que en nuestra resurrección en nuestros nuevos cuerpos. También, por lo tanto, la falta de bautismo tiene consecuencias tangibles reales con el mismo. Creyentes; Os insto: no descuides ser bautizado, aunque no puedas imaginar los verdaderos beneficios. Pablo insiste en que los beneficios están ahí y son reales. Pero lo más importante es que el bautismo es una cuestión de obediencia.  

En el versículo 6, Pablo afirma que cuando nuestro “viejo yo” fue ejecutado en la cruz (es decir, en el bautismo nos hemos unido a Cristo en la cruz), ese es el momento en que todo lo que nos hizo pecar es destruido y así nosotros ya no somos esclavos del pecado. El viejo yo significa todos nosotros; toda la persona. Cada aspecto de quiénes éramos que representa todos los efectos del hombre caído causado por Adán está involucrado. Pero tampoco debemos asumir que Pablo está diciendo que nuestro antiguo yo ya no existe; de alguna manera mística, ese viejo yo perdura para ser un desafío para nosotros todos los días. Estos cuerpos viejos, tan frágiles y sujetos al tiempo, continuarán hasta nuestra muerte; no salimos de las aguas purificadoras del bautismo con un cuerpo nuevo. La muerte en Cristo, al igual que la resurrección en Cristo, es un proceso: algunos ahora, otros más tarde. De modo que no debemos sorprendernos cuando la tentación a veces sigue ganando. Pero la mejor noticia para nosotros es que ya no somos esclavos del pecado; o, desde el punto de vista judío de la época de Pablo, la inclinación al mal ya no es nuestro amo de lo que somos su esclavo. Hemos sido liberados para poder responder a Dios y a la buena inclinación que llevamos dentro.

¿Y por qué estamos tan libres del pecado? Pablo dice en el versículo 7 que es porque los muertos no pueden pecar. Y como nos hemos identificado plenamente con Cristo en Su muerte, entonces, por supuesto, nos identificamos con Él en Su resurrección y su nueva vida. Sin embargo, si bien la muerte y resurrección de Cristo es un acontecimiento completo para Él, no es así para nosotros. Yeshua ya no está agobiado por un cuerpo frágil ni por los vínculos y relaciones de este mundo; pero nosotros, Sus adoradores, lo estamos. No es hasta que nosotros vayamos a la tumba que esos vínculos y relaciones terminen. No es hasta que nosotros resucitemos de la tumba que nuestros cuerpos serán reemplazados por otros nuevos, eternos y glorificados. Así que; nosotros esperamos. Y esperemos que con cada día que pasa nuestra nueva vida y nuestra identificación nueva con Cristo aumente en sus efectos incluso en este mundo presente. Pero eso depende de nosotros; esa es nuestra obligación de velar por que suceda. Nuestro perdón, misericordia, compasión y bondad amorosa hacia nuestro prójimo no vienen automáticamente con la salvación; debemos trabajar en ello tal como debemos trabajar en nuestra obediencia a Dios.  

En el versículo 12 Pablo saca algunas conclusiones de todo lo que ha afirmado hasta ahora. La misma es que si estamos muertos a pecar, pero vivos en Dios a través de Cristo, entonces esto significa que toda una nueva dinámica es posible para nosotros y tenemos que estar conscientes de la misma, y debemos aprovecharnos de la misma. Así que ahora que hemos aprendido cómo debemos pensar y entender lo que significa la muerte y resurrección de Yeshua para el Creyente a nivel espiritual, el siguiente paso es entender qué acciones físicas y tangibles debemos tomar como resultado de esta realidad. Y lo primero que un creyente debe hacer es evitar que el pecado reine en nuestra vida. Antes de la salvación estábamos bastante indefensos contra el poder del pecado; pero ahora tenemos más control. Dado que la inclinación malvada ya no es nuestro amo y nosotros su esclavo, entonces no debemos comportarnos como si siguiera siendo así. Los soldados y otras personas que han tenido experiencias horribles (especialmente durante largos períodos de tiempo) a veces pueden salir con TEPT; Trastorno de estrés postraumático. Y aunque puede manifestarse de varias maneras, al final la situación es que cuando llega el momento de que las víctimas del TEPT ya no están en esas circunstancias ni en peligro, en su subconscientes ellos todavía a veces sienten como si lo fueran. No pueden conciliar su vieja situación peligrosa con su nueva situación más segura. El resultado puede ser un comportamiento que no coincida con sus condiciones actuales, sino que es más bien un fuerte placer posterior de los traumas del pasado. Como creyentes habíamos estado bajo el poder del pecado, bajo el dominio de nuestras inclinaciones malignas, desde nuestro nacimiento. Estuvimos en esa condición peligrosa durante tanto tiempo que no estamos muy seguros de cómo actuar desde el momento de nuestra salvación cuando la situación cambió. Como creyentes todavía podemos llevar los residuos de nuestros pecados pasados con nosotros, y así comportarnos por instinto y reacción instantánea más que en relación con nuestra nueva realidad.   

Pablo dice que los creyentes, gracias a la salvación, ahora tienen un control y un recurso que no tenían antes de llegar a la fe porque como resultado ya no somos peones bajo el hechizo de un amo malvado (nuestra inclinación malvada). Ahora estamos alejados de nuestras condiciones peligrosas y traumáticas, por lo que ya no tenemos que dejar que el pecado tome su curso en nosotros. De hecho, debemos luchar contra nuestras persistentes tendencias pecaminosas de la misma manera que los rebeldes luchan contra un tirano malvado cuando nos sentimos volviendo al comportamiento y la mentalidad de nuestro viejo yo, que en realidad sólo existe para nosotros como recuerdo. Así que Pablo centra su atención en nuestros cuerpos porque todavía pertenecen a este mundo presente y pueden ser utilizados para cosas divinas o injustas. Es a través de nuestro cuerpo que nos conectamos con este mundo presente; a través de nuestros sentidos y a través de nuestras extremidades. Así que debemos aprender a controlar estos cuerpos que no fueron hechos diferentes debido a nuestra salvación. Debemos controlar conscientemente lo que nuestros cuerpos ven, lo que oyen, lo que tocan, lo que dicen, lo que comen, lo que beben y lo que hacen. Es a través de estos cuerpos mortales donde el pecado puede tener su efecto más devastador porque estos cuerpos son esencialmente los vestigios retenidos de nuestro antiguo yo. Pero ahora tenemos el poder de Dios para ayudarnos a recuperar el control de hacer cosas rectas con estos cuerpos en lugar de las cosas injustas que solíamos hacer. Pero no se equivoquen: la responsabilidad recae en nosotros. Ya no podemos ofrecer la excusa de que “el Diablo me hizo hacerlo”; o “es sólo mi naturaleza hacer mal”. Ya no eres esclavo del pecado y de tu inclinación malvada.  

¿Y cómo es posible todo lo anterior? En el versículo 14 Pablo dice algo que ha sido interpretado y reinterpretado a lo largo de los siglos. El mismo ha llevado a la Iglesia a idear la doctrina casi universal de que la Ley ha muerto y ya no existe. Y sin embargo, algunos eruditos cristianos de alto nivel siguen diciendo que tal cosa no puede ser el caso debido a lo que Pablo dijo ya que tal pensamiento es una desviación radical de lo que Yeshua instruyó. Veamos el versículo 14 en una pequeña muestra de diferentes traducciones del inglés.  

CJB Romanos 6:14 Porque el pecado no tendrá poder sobre ti; porque no estás bajo el legalismo sino bajo la gracia.

NAS Romanos 6:14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros, pues no estáis bajo ley, sino bajo la gracia.

 KJV Romanos 6:14. Porque el pecado no los dominará a ustedes; porque no están bajo la ley, sino bajo la gracia.

Dependiendo de cómo se afinan tus oídos, lo que habrás oído es que los creyentes ya no están sujetos a la Ley de Moisés, sino que están sujetos a la gracia. Este es el versículo principal del NT donde la doctrina de la Ley versus la Gracia se define no sólo como un medio para la salvación, sino si la Ley de Moisés tiene alguna relevancia en la vida de un Creyente. Y les digo que los eruditos honestos y buenos de la Biblia confiesan que este versículo es muy poco claro y ambiguo en su significado. Por eso varias denominaciones tomarán algo diferente de ella. Veamos qué conclusiones podemos llegar aquí en la clase de Torá “Seed of Abraham”.

Vamos a comenzar observando que de estas tres versiones diferentes de este versículo que les leo, una en particular es una mala traducción (la KJV) y otra es lo que se llama una traducción dinámica, lo que significa que es un intento de decirnos el significado en lugar de transliterar las palabras griegas al inglés (la Biblia Completa judía disponible solo en ingles CJB). Observe cómo el NAS dice “bajo ley”, mientras que la KJV dice “bajo la ley”. Es evidente que el uso del término “La Ley” se utiliza casi universalmente en la Biblia, AT o NT, para referirse a la Ley de Moisés. Sin embargo, “La Ley” es una traducción incorrecta al español. No soy un experto en lengua griega, pero sé lo suficiente como para notar que el artículo definitivo “la” no aparece antes de la palabra “ley” en los manuscritos griegos. Consulté a nuestro ministro de lengua griega, el rabino Baruj, y él estuvo de acuerdo en que no hay ningún artículo definido presente. Por lo tanto, no está “bajo la Ley”, sino que simplemente está “bajo ley”. Gran diferencia, ya que esto significa que no debemos ver esto como un significado que Pablo pone la Ley de Moisés en oposición a la gracia. Pero significa que vamos a ver alguna característica de ley misma en oposición a alguna característica de gracia.

Así que la pregunta básica con la que luchan la Iglesia y los eruditos bíblicos es: ¿Está Pablo diciendo que la gracia ha aparecido de repente y reemplazado las leyes y regulaciones de Dios? ¿O, la gracia tal vez reemplaza o mitiga algún aspecto o consecuencia de las leyes y regulaciones? Pero la segunda pregunta básica es: ¿qué tiene en mente Pablo cuando habla de gracia? Según aprendimos cuando comenzamos esta lección, no podemos simplemente hablar de gracia (favor inmerecido) sin saber qué acto de favor Dios lo conectó. Pablo ha dejado claro que la gracia no es un “favor” divino indefinible que Dios ha dado a Sus adoradores que salva; más bien es algo muy específico. La misma es que Dios nos favorece (Él nos agracia) con rectitud. O mejor, Dios nos favorece POR MEDIO DE QUE Él nos justifica (justificándonos en términos más tradicionales) aunque no lo merezcamos.

Usted conoce mi posición sobre esto; en su punto más básico, cualquiera que sea la intención de este versículo de transmitir no puede significar que Pablo esté diciendo que un acto de gracia divina ha abolido y reemplazado la Ley de Moisés. Porque si Pablo realmente quiere decir esto entonces él está en confrontación directa con Su Mesías Yeshua porque en Mateo 5:17 -19 Yeshua dice que No vino a abolir la Ley de Moisés, y que ni la parte más pequeña de la Ley cambiará, y mucho menos desaparecerá en su totalidad, hasta que el Cielo y la tierra desaparezcan. Y, de hecho, si alguien dice que Él lo hizo, y así decide no obedecer la Ley, entonces Cristo lo relegará a la posición menor en Su próximo Reino. Pero el pueblo que está de acuerdo con Él en que la Ley de Moisés continúa intacta y obedece la Ley, Cristo lo relegará como el más grande de Su Reino.

El Comentario del Profesor C.E.B. Cranfield sobre el Libro de los Romanos es pensado incluso por los más grandes eruditos cristianos modernos como uno que no tiene comparación. El suyo es el pináculo, el Estándar de Oro, para los comentarios del libro de los Romanos. Esto es lo que Cranfield dice sobre el versículo 14.

“… porque no están bajo la ley, sino bajo la gracia” se toma ampliamente para significar que la ley del Antiguo Testamento ha sido reemplazada, su autoridad ha sido abolida para los creyentes. Esto, puede admitirse, sería una interpretación plausible, si esta oración estuviese por si sola. Pero puesto que está dentro de un documento (la carta a los Romanos), que contiene cosas tales como (Romanos) 3:31; 7:12; 14a; 8:4 y 13:8-10, y en la que la ley se menciona una y otra vez como autorizada, tal lectura es extremadamente improbable. El hecho de que “bajo la ley” se contraste con “bajo la gracia” sugiere la probabilidad de que Pablo esté aquí pensando no en la ley en general, sino en la ley como condenar a los pecadores; porque dado que la “gracia” denota el favor inmerecido de Dios, lo contrario natural de la gracia parecería estar “bajo el desfavor de Dios o Su condena”. Y la sugerencia de que el significado de la oración es que los creyentes no están bajo la condena de Dios pronunciada por la ley, sino bajo Su favor desatendido recibe una fuerte confirmación de (Romanos) 8:1. “Por lo que entonces no hay condena para aquellos que están en Cristo Jesús.”  

Aunque no estoy de acuerdo con Cranfield en que lo que Pablo hace referencia en este versículo es la Ley de Moisés (por razones que os di hace unos momentos), estoy de acuerdo con él en que normalmente se asume en el cristianismo institucional que la Ley de Moisés es lo que se pretende. Pero incluso bajo esa suposición todavía no se da cuenta de que Pablo está diciendo que los creyentes no tienen más obligación de obedecer la Ley de Moisés porque en cambio están bajo gracia En qué capacidad exactamente la Ley tiene relevancia para los creyentes de hoy está abierto al debate; pero no está abierto al debate (especialmente usando las propias palabras de Pablo en otros lugares de su carta a los Romanos) que lo que quiere decir en el versículo 14 es que la Ley está muerta y se ha ido para los cristianos.. Así que parece claro que lo que nosotros como creyentes no estamos bajo es la maldición de la Ley; el tema no es la propia Ley. La maldición de la Ley viene de desobedecer la Ley. La desobediencia a la Ley se define en toda la Biblia (AT y NT) como pecar. La maldición que resulta de pecar es la ira de Dios, y la ira de Dios contra nosotros resulta en nuestra muerte eterna.

Pero la razón por la que los creyentes que desobedecen la Ley NO están sujetos a la ira de Dios o a nuestra muerte eterna ciertamente no es porque Dios haya abolido la Ley; sino más bien porque Dios nos ha justificado a nosotros los pecadores por medio de Su favor inmerecido sobre nosotros (Su gracia). Recuerden: desde el capítulo 1 Pablo ha enmarcado esta carta a los Romanos como girando en torno al problema del pecado y las consecuencias de la ira de Dios. Y esa ira no sólo es aplicable al pueblo de la Ley (judíos) que han violado la Ley, sino que también se aplica a los gentiles que no tenían la Ley de Moisés, sino que tenían la Ley Natural de Dios que todos los seres humanos tienen inscrita en su interior, que fue quebrantada, y ahora también están sujetos a la ira de Dios. La solución de Dios: Él da justicia a los judíos y gentiles que confiarán en la fidelidad de Yeshua para con Dios Su Padre. Y esta justicia nos exime de la ira de Dios. Esa es la doctrina correcta.

Nosotros continuaremos con Romanos capítulo 6 la próxima vez.

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